lunes, 29 de agosto de 2011

Julián Axat y El cuerpo de la Toga (1), obra de teatro

EL CUERPO DE LA TOGA

(Una tesis sobre la mirada de los juristas y de los no tanto)

“... perdone usted, pero tiene la peluca llena de piojos, su señoría...”
El Burgués gentilhombre. Moliere
.


ACTO PRIMERO. (Principio)

Estamos en una sala o salón, allí hay un escritorio, una silla de cada lado, varios libros de Derecho sobre la mesa, una máquina de escribir, un sillón. Ingresa a escena una persona vestida con una flamante Toga, se ajusta los puños, la camisa, la corbata, saca un peine del bolsillo, lo unta con gomina y se peina. Luego, con total delicadeza se dirige al espectador.

- Jurista 1: Señores, si me permiten: La toga es ilusión. No puede cada hombre limpiarse del deseo de ser una cosa distinta a los demás. No distinta por los arrumacos y floripondios, sino por nuestra función, por nuestro valer, por nuestra significación. ¡Ah!, eso del peso de la toga sobre los hombros no es un tópico vano, aunque el uso la haya hecho cursi. La toga obra sobre nuestra fantasía haciéndonos limpiamente orgullosos, nos lleva por el sendero de la imaginación, a la contemplación de las mas serias realidades... Pues como nos recuerda el gran Pascual…perdón Pascal… alguna vez fueron los propios magistrados quienes portaron aquella prepotencia que aporta la imagen. Nuestros magistrados –decía Pascual, Pascal- conocen bien este misterio. Sus togas rojas, los armiños entre los que se envuelven como gatos, los palacios donde juzgan, las flores de lis, toda esa parafernalia les es muy necesaria. Y si los médicos no llevaran ni ropa talar, guardapolvos o chinelas y los doctores no usaran birretes y togas llamativamente amplias, jamás hubieran engañado al mundo, que no sabe resistirse ante semejante espectáculo.


En eso, Ingresa a escena otra persona, vestido con una Toga claramente deteriorada, sucia, roída, está despeinado y lleva un Tratado de Derecho en la mano con las páginas sueltas. Camina por el espacio en círculos. El Jurista 1 lo mira con distancia y continúa.

- Jurista 1: … la toga diferencia, y siempre es buena, pero esa distinción no sería nada si no fuese acompañada del respeto, de un pueblo ingenuo, sencillo y rectilíneo que le tributa con admirable espontaneidad diciendo: “Ese hombre debe ser bueno y sabio”, y sin duda tenemos la obligación de serlo justificando la intuición de los humildes. ¡Pobres de nosotros si no lo entendemos así, y no alcanzamos a comprender toda la austeridad moral, todo el elevado lirismo que la toga significa e impone”

El Jurista 2 en pocos minutos va a prestar el juramento de la profesión ante el presidente del Colegio distrital, se lo vé muy nervioso, a tal punto que se ha quedado quieto en un rincón, no guarda ninguna compostura y decoro, se dirige abruptamente a su colega:


- Jurista 2: Mire, yo soy neófito en la materia, lo veo a usted y siento un profundo respeto en su figura, cómo hace, cómo lo hace…

- Jurista 1: No se preocupe colega, ya verá, ya verá. Observe con atención como se infla la toga, mire el detalle de las solapas, mire mi cuello erguido, el seño fruncido, los hombros rectos. Vamos, pruebe usted, sienta el peso de la toga, el cosquilleo de la seda, el encanto de la distancia. Déjese llevar, acompañe el recorrido de las sensaciones dentro de su cabeza, deje que las ideas se asienten solas, sienta como comienzan a objetivarse lentamente, se separan del mundo terreno, como dejan de tener historia.

Jurista 2 muestra cara de preocupado, interrumpe a su compañero.

- Jurista 2: Yo lo veo a usted y lo envidio profundamente, cuanto me falta para poder emularlo, toda una vida de aprendizaje en las mañas y manías, empecemos por el principio, hablemos de sus manos, cómo toca, explíqueme cómo tocar…

- Jurista 1: Muy fácil mi amigo, preste atención. Primero estire una mano, bien, bien larga, acomódese los puños, apoye ese libro sobre la mesa lentamente. Ahora observe mis manos, observe como se acercan al libro, como van rodeando el lomo la punta de mis dedos, como paso las páginas. El secreto del arte del roce está en la yema de los pulgares, observe con atención y practique usted mismo con cualquier objeto. Usted tiene que sentirse como un orfebre ante una piedra preciosa, cada elemento de la realidad es materia vil e informe que al sólo rozar de su mano, se terminará convirtiendo en una maravillosa gema. Ese es el efecto alquímico de la toga.

El Jurista 2 está asombrado, prueba él mismo varias veces. No hay caso, continúa bajo la mirada de su colega que lo sigue en cada paso en falso moviendo la boca.


- Jurista 2: Yo se mucho de etiqueta si me disculpa, mi mamá me compra las mejores corbatas.

- Jurista 1: ¿Son de seda Italiana?

- Jurista 2: No, no; son de otra tela, de una tela fina de avión…

- Jurista 1: Por favor, qué horror, un jurista es pura etiqueta, el guardián de la etiqueta, sólo así puede diferenciarse del resto iletrado y zarrapastroso.

- Jurista 2: No me ofenda por favor.

- Jurista 1: No lo ofendo, digo la verdad, hablo por la historia de esta profesión, siempre cercana a las mejores modas, a los trajes lisos, limpios, elegantes. Mi querido colega, las ideas lisas y limpias, puras y lógicas, la sensatez del derecho, se mide por estado de la vestimenta. Mírese usted, mire el estado de su toga, una toga con arrugas, sucia, roída, maltratada; con solo mirarlo me basta para dar cuenta de sus ideas, del deterioro y la impureza de su imaginario.

- Jurista 2: Pero estoy aquí para que usted me aconseje, me llene de su experiencia…

- Jurista 1: Sí, sí, vamos a tratar de enseñarle categoría, vamos a limpiar esa presencia, vamos a transformarlo mi querido colega. Pruébese esta toga que le voy a prestar.

Jurista 2 se saca el traje anterior y se pone encima la nueva toga, aspira e inspira, se mira a sí mismo más grande, más lleno, tiene rostro alegre, se muestra con mayor confianza.

- Jurista 2: Me queda un poco grande o suelta de mangas…

- Jurista 1: No importa, ahora que la tienen puesta, hablemos del respeto, el respeto de la toga…

- Jurista 2: Cómo del respeto, yo no vine a hablarle del respeto, vine a consultarle sobre mi vocación, sobre mi futuro profesional, y usted me da toda esta perorata…

- Jurista 1: Primero, fíjese en las distancias, calcule las distancias antes del acercamiento a los objetos, su mente debe acostumbrarse a situarse en las geografías de cada lugar, deje a su mente que perciba el espacio y sola se adecue a las referencias, a los vértices y ángulos, a las sinuosidades y planicies sobre las que la toga se encuentra. Sienta mi cuerpo cerca del suyo, sepa que nunca se pueden tocar, nunca el choque, siempre la misma distancia entre uno y otro. El respeto es una cuestión de medida, luego de clase, pero antes de hablar sobre clase tenemos que poner los pies en la tierra, no le parece…

- Jurista 2: El respeto es una cuestión de no toparme con usted, de no pisarlo…

- Jurista 1: ¡Exacto!, va aprendiendo, muy bien, nuestros cuerpos entogados están cubiertos para no mancharse entre sí, el respeto es la distancia entre la toga y la materia que la rodea. Cuerpos que se tocan, cuerpos que se ensucian: “corpus roci, corpus suci…”, famoso apotegma del gran Ulpiano.

- Jurista 2: ¿Cómo?, no lo entendí, puede repetir…

- No se preocupe mi amigo… no se preocupe, las citas del latín son algo para después. Por ahora escuche con atención lo que le digo, el tema de la suciedad y la mugre dejémoslo para después. Por ahora me basta con que sepa que un buen jurista es como un buen agrimensor, se dedica a trazar primero las líneas y parcelas por dónde circulará la toga sin rozarse con otros cuerpos. El arte de la decencia, es una arte de la distancia.

- Jurista 2: No le parece un poco exagerado para estos tiempos ese suntuoso traje. Además, la toga ya no se usa, está completamente fuera de moda.

- Jurista 1: A ver si comprende, la toga es un símbolo, primero tiene que estar acostumbrado a ella por un tiempo, luego se la saca, y en adelante siempre va a sentir que la tiene puesta. Recuerda el cuento de Andersen, sobre el traje invisible del rey hecho a medida, todos lo observaban, el propio rey lo observaba, hasta que apareció el niño, ese maldito niño que desencantó el hechizo magnífico de esos simuladores modistos mercachifles.

- Jurista 2: Pero entonces usted pretende que engañe a la gente, que me engañe a mí mismo, esa no es mi vocación.

- Jurista 1: Señor, la vocación que usted eligió tiene más de dos mil años de historia, la toga es una vestigio de los tiempos, y toda la simbología y rituales que ella envuelve es un folklore transmitido de boca en boca por los siglos de los siglos, por una comunidad de sapientes y sacerdotes de la ley. Lamento la metáfora, pero es adecuada para el momento y para que usted comprenda: si a un pájaro lo enceramos en una jaula por mucho tiempo, cuando abramos la puerta, no sólo no podrá volar, sino que volverá a ella para dormitar, hasta el fin de sus días llevará consigo la jaula a donde vaya.

- Jurista 2: Usted pretende cortarme las alas, quiere impedirme que sea libre…

- Jurista 1: Nada de eso señor, nada de eso, yo quiero que usted aprenda a ser libre de otro modo, que sea un pájaro dentro de la jaula que usted eligió para vivir, que aprenda de su espacio, que lo estudie. La toga funciona como un límite que potencia, una barrera a franquear y que lo llenará de absoluta decencia y respeto. No olvide que una vez puesta la toga por un tiempo, que se acomode a su cuerpo, que usted aprendida el procedimiento que le voy a explicar paso a paso, efectivamente, podrá sacarse la vestimenta de encima, pero en dicho momento no podrá olvidar de sus encantos por siempre, la llevará consigo su alma. Como yo ahora, míreme.

El Jurista 2 lo observa, lo mira obnubilado, se sienta en el piso desilusionado, está algunos minutos como reflexivo. Luego se para y comienza a estudiar con cautela el lugar, llena su rostro con un gesto de curiosidad.

- Jurista 2: Volvamos a las distancias, cómo es eso de la distancia. Póngame ejemplos más claros.

- Jurista 1: Ejemplos, cómo no, de eso sobran, los juristas somos especialistas en ejemplos. Primero, la altura, segundo, la mirada.

- Jurista 2: ¿La altura?, ¿Se volvió loco?

- Jurista 1: Nada de eso. Preste atención: La altura es determinante para la Toga. Si usted no se mantiene erguido, la toga se arruga, no se luce. La toga debe estar extendida hacia lo alto, hacia los ojos celestiales del juzgador… Si usted se agacha, si está tullido, contrahecho o camina cabizbajo; la toga parecerá cualquier vestimenta, una bata, un desavillé, además de expresar inseguridad y un insalvable prejuicio hacia juzgador que lo tendrá más cercano a los bajo fondos que a los círculos celestiales.

El jurista 2 intenta levantarse, intenta erguirse una y otra vez, en unos minutos se frustra en el intento.

- Jurista 2: Discúlpeme Doc., pero realmente le parece necesario todo esto, yo soy tan sólo una persona sencilla, se imaginará como me cuesta adquirir todos esos movimientos y rituales.

- Jurista 1: Mire señor, si usted se queda en el camino, le depara una vida de abogaducho de pueblo. Yo aquí le doy la oportunidad de la diferencia, de la distinción, lo demás, el trabajo y el dinero, vendrá por añadidura. El gusto y el buen tono proveerán, ya lo verá.

- Jurista 2: No sé porqué, pero confío en usted….

- Jurista 1: Vé lo que le digo, si usted confía es porque me cree, y si me cree es porque hay algo de mi figura que lo deslumbra. De eso se trata, del convencimiento, de las convenciones y protocolos a cumplir. Usted confíe, confíe en esta vestimenta y su aura, que no por casualidad tiene más de dos mil años de historia.

- Jurista 2: Y cómo tengo que hacer, hacerme de nuevo…

- Jurista 1: Exacto, usted tiene que ser como un hombre nuevo, ya verá que lindo la va a pasar cuando el mundo sea también otro mundo, el mundo a la medida de sus zapatos. Nunca desconfíe del poder de las ficciones jurídicas, hacen magia ante los brutos y profanos. Usted quiere que las plantas hablen, pues decrete un aforismo sobre las plantas: “Planctom serás vivis, sum cicum tribure”.

El otro lo mira obnubilado, no entiende nada.

Jurista 1: Ahora, mírelos a la cara, allí tiene: la diferencia entre civilización y barbarie. El que sabe, sabe… el que no…lamentablemente, hay que decirlo: no existe.

El Jurista 2 se sienta en una silla, toma nuevamente el libro que había dejado sobre la mesa y comienza a hojearlo. Jurista 1 se le acerca lentamente y lo observa con precisión,
se mueve a su alrededor.

- Jurista 1: Lea, pruebe leer en voz alta por favor.

El Jurista 2 se pone a leer en voz alta.

- Jurista 2: “…Debe entenderse por tortura aquel sufrimiento que supera en su gravedad a las severidades y vejaciones, resultando indiferente que se persiga o no una finalidad. La intensidad del dolor físico o moral es la característica de ese tormento y en ello reside su diferencia con las otras formas de maltratos o mortificaciones…”.

- Jurista 1: Espere un momentito, a qué ironía viene la elección del párrafo que usted está leyendo.

- Jurista 2: A ninguna, usted me pide que lea en voz alta, yo leo. Abrí el libro azar, en cualquier página.

Entre ellos se produce un silencio incómodo.

- Jurista 1: Elija otra página por favor…

- Jurista 2: “…La obediencia debida es la obligación que tiene el subordinado de cumplir con el mandato procedente de un superior jerárquico, cuando este le ordena en la esfera de sus atribuciones y en la forma requerida por esa ley y reglamentos pertinentes…los presupuestos para la orden, para que resulte obligatoria son dos: el primero es formal e implica que el superior del que ella emana sea competente para su dictado y èsta guarde las formas prescriptas; el segundo es de carácter material y refiere a que el contenido de la orden no vulnere el orden jurídico…”.

- Jurista 1: Ahora me gustó más, párrafo más adecuado a nuestra historia… pero fíjese bien en el tono de su voz, en la respiración, la falta de audacia y guturalidad en sus palabras. Escuche, por favor, páseme el libro un minuto.

El Jurista 1 toma el libro con sumo cuidado entre sus manos, pasa las hojas delicadamente, saca sus lentes, los limpia, los apoya en la punta de su nariz y se dedica a leer, lo hace pausado, respetando los silencios de las comas y puntos .

- Jurista 1: “…Otro tópico arduamente discutido con respecto a la condición de la víctima era la virginidad, como expresión de honestidad. Un sector jurisprudencial sostenía que una mujer no deja de ser honesta por el hecho de no ser virgen, ya que el tipo penal no requiere la virginidad de la víctima como condición esencial para configurarse la violación. Otro sector en cambio, apoyaba que la perdida de virginidad previamente implica que la víctima automáticamente deja de ser mujer honesta, por lo tanto no pasible de violación…”

- Jurista 2: Es notable el cambio, me deja debo aprender a respirar si quiero leer como usted, ahora… el contenido…

- Jurista 1: Nunca importa el contenido, nunca, sépalo bien, lo importante es cómo lo dice, la Forma, nunca la Materia. Ese es el arte del jurista: la excelsa retórica de Cicerón y la magistra declamación de Justiniano para decir lo que el vulgo bruto dice con onomatopeyas y barbaridades.

- Jurista 2: Y si el contenido no interesa, ¿cómo se justifica lo que dice, cómo los convence?

- Jurista 1: Mi querido amigo, ha tocado una cuestión ris-pi-dí-sima, sólo algunos elegidos doctores nos damos cuenta de eso. La cita, el arte de la referencia lógica a la autoridad: porque lo dijo Mengano, porque lo dijo Sultano. Mengano y Sultano deben ser máximas autoridades en la cuestión tratada, y si no se conocen, mejor, la cosa se torna más extravagante. No lo olvide.

- Jurista 2: ¿Qué puede decir la autoridad, cualquier cosa…?

- Jurista 1: Insisto con lo que le decía hace un rato, usted quiere que las plantas hablen, pues decrete un aforismo sobre las plantas: “Planctom serás vivis, sum cicum tribure”. Usted tiene que decir que lo dijo Mauricius en el s. II dc., Tomo IV. Digesto 9, Pandectas 3, comentada por el Posglosador Romualdo de Pisa… ¡Qué tal!, las plantas hablan…

Jurista 2 ha quedado estupefacto.

- Jurista 2: Le creo, las plantas hablan.

- Jurista 1: Lo ve, se da cuenta que esto no es broma

- Jurista 2: Discúlpeme nuevamente Doc., pero si uno no habla así, con esa lógica, y tampoco escribe así…

- Jurista 1: ¡Bravo!, ¡Bravo!, ¡Bravísimo!; se da cuenta que ya está aprendiendo. Saquemos una hoja y una pluma. Escriba un párrafo cualquiera.

Jurista 1 saca de un cajón una pluma, un tintero y una hoja apergaminada.

- Jurista 2: Cualquiera… ¿que diga qué?

- Jurista 1: Aquello que usted quiera decirle a la gente, al pueblo, escriba por ejemplo su sentencia, una sentencia sobre cualquier cosa, pero recuerde a Aristóteles y su poética: preludio, nudo y desenlace... in juris: autos y vistos, considerandus, resuelvus…

Jurista 2 se sienta a escribir, piensa, se lo ve atormentado, se mueve en la silla para todos lados, se agarra la cabeza, duda, finalmente comienza a trazar letras sobre el papel.

- Jurista 1: Piense que todo lo que usted escriba debe nacer de la excelsa razón, su escritura debe pertenecer al sentido común, debe tener claridad, precisión, debe ser un trazo homogéneo y limpio; si es barroco, debe respetar la floridez de la silueta, del tono castizo de la metáfora. Allí y sólo allí radica el estilo, la elegancia de un párrafo bien conjugado.

Jurista 2 lee en voz alta aquello que estuvo escribiendo.

- Jurista 2: “…estoy aquí sentado con el Dr. que me está enseñado el arte de la toga, la cosa me empieza a aburrir un poco, pero no importa, preferiría estar trabajando o mirando el techo en mi casa, comiéndome un buen trozo de carne y tomándome un vino con los amigos, por eso es que decidí estar unos minutos más aquí y volar hacia otros lares…”

- Jurista 1: Permítame decirle, lamentable forma, lamentable contenido, pero no importa, los barbarismos son educables.

- Jurista 2: barba…qué…

- Jurista 1: Mi amigo, yo le dedico mi tiempo y usted me trata así, una de las cuestiones mas importantes que deben manejar los juristas es el respeto, la deferencia, la amabilidad de los gestos. Si la nobleza no es la imagen del derecho, qué nos queda más que la brutalidad y el salvajismo primitivo que con tanto empeño hemos dejado atrás.

- Jurista 2: Mi señor, el respeto a su figura ha sido constante desde un inicio, le pido disculpas si lo ofendí: Perdón su señoría, perdón.

- Jurista 1: Le agradezco, ahora escuche bien, volvamos a su frase: “…estoy aquí sentado con el Dr. que me está enseñado el arte de la toga…”; preludio, inicio, debemos transformarlo si usted quiere ingresar a la luz de una sistemática más elocuente: “Me encontraba”, pasado, debe usar el pasado perfecto, recuerde el lenguaje castizo, “Me encontraba con Vuestra Excelencia”, aquí puede abreviar por V.E.;quien había dedicado su precioso tiempo en alumbrar a esta ignominiosa vulgaridad en el elevadísimo arte de la toga“.

- Jurista 2: Pero esas no son mis palabras…

- Jurista 1: ¿Sus palabras?, para que quiere sus sucias palabras, le estoy dando la oportunidad de que aprenda a limpiarlas. La toga no se merece sus habladurías.

- Jurista 2: Usted va a limpiar, con qué va a limpiar, con la toga va limpiar…

- Jurista 1: No me falte el respeto señorito, dirijase con propiedad, porque hoy no jura nada, o no conoce las consecuencias de sus actos para el derecho: dado A debe ser B. Dada su mala voluntad ante el honor y distinción de esta alta magistratura, su consecuencia, el olvido de su carrera, una mancha en su toga que quizás se constituya en el estigma que no volverá nunca a sacarse de encima.

- Jurista 2: Mis disculpas Vuestra excelencia, perdón: V.E.

- Jurista 2: Así está mejor, ahora siga escuchando, “la cosa me empieza a aburrir un poco, pero no importa, preferiría estar trabajando o mirando el techo en mi casa, comiéndome un buen trozo de carne y tomándome un vino con los amigos…”. Aquí está el nudo, el centro de su reflexión, escuche bien, concéntrese: “Dado que las circunstancias de modo, tiempo y lugar, habían constituido una oportunidad poco feliz para mi provecho”, aquí usted se refiere a las causas y no al objeto; continuemos, “…he decidido ceder mis espacios: sean éstos los atracos, las fiestas, y cualquier otro motivo particular relacionado con la inmoralidad y bajeza de de mis amigos”, estamos en la irrupción de su identidad, usted explica, es riguroso y lógico para escribir su estado actual, usted se diferencia seriamente de sus amigos los que siguen todavía en su eterno jolgorio; “…por eso es que decidí estar unos minutos más aquí y volar hacia otros lares…”, el petitum, las conclusiones, el resuelvo, el final: “Por todo lo cual, he decidido bajo mi más intima convicción, dedicar mi tiempo a comprender y reducir las causas y motivos de mis bajezas, para poder volar bien por encima de las cabezas profanas, iletradas y austeras, firmado: yo, el doctor, el Sr. Jurista…”.

- Jurista 2: Doc., con la nueva forma me ha cambiado el sentido de la frase

- Jurista 1: Debe saber que forma es contenido: “formus-conentus”, mientras usted cuide las formas, el mundo será suyo.

- Jurista 2: yo no quiero que el mundo sea mío, quiero vivir bien, ser honesto…

- Jurista 1: Lo vé, le vuelvo a repetir, se da cuenta que esto no es broma

- Jurista 2: ¿Y qué es broma entonces?

- Jurista 1: Mire, le cuento un chiste de juristas: Resulta que había un colega que se sienta en un petit restaurante a tomar vino, pide la carta, se acerca el metrié, aconséjeme sobre el mejor vino que tenga a disposición, el mozo lo mira y le dice: “Tengo un finísimo germano Von Ihering 1885”, nada de eso -contesta el colega con ironía-, tráigame un magnífico Malbec Vélez Sarfield 1894 de la casa…”.

- Jurista 2: La verdad, no lo entendí… ¿Vélez Sarfield no fue quien redactó el Código Civil?, cual es la gracia entonces…

- Jurista 2: No sea bruto, mi amigo.

- Jurista 1: ¿Quiere que le cuente un verdadero chiste de juristas?, escuche que tengo uno buenísimo, escuche: Un abogado se muere y se va al cielo, llega y toca la puerta. En eso sale San Pedro y le dice: ¿Tu quién eres?, -Yo soy abogado y bueno pues me han mandado al cielo. -responde al abogado. - No, no! tu no puedes entrar acá.- ¿Pero como que no puedo entrar?, ¿tu quién eres para decirme que no puedo entrar?- ¿Cómo?... yo soy San Pedro, el que decide si entras o no.- A ver, ¿dónde está tu título que dice que eres San pedro el único que puede dejar o no entrar al cielo?- Un ratito. -le dice y se va corriendo a buscar a Jesús y le cuenta pues que en la puerta había un abogado que quería entrar al cielo y que como él no quería entonces le había pedido su título que por favor salga. Entonces sale Jesús: - Bueno hombre al parecer tú no puedes entrar al cielo porque estamos llenos de abogados y ya... ya no pues.- ¿Cómo que no hay sitio, tu quién eres para que no me dejes entrar?- Yo soy Jesús el hijo de Dios y te digo que ya no puedes entrar al cielo.- ¿Cómo que hijo de Dios? ¿Cuál Dios?, haber enséñame tu partida de nacimiento, ¿dónde dice que eres el hijo de Dios? Entonces Jesús va a buscar a Dios... – Pa…pa... allá afuera hay un abogado que quiere entrar al cielo, primero le pidió su título a San Pedro, luego me pidió partida de nacimiento para ver si soy hijo de Dios... ¿qué hago?- Ya, ya, ya... déjalo entrar nomás, no vaya ser que me pida partida de matrimonio y me caga.

- Jurista 1: Suma vulgaridad, no se da cuenta que esas son historias para desprestigiar nuestra profesión.

- Jurista 2: ¿Cómo desprestigiar?, esas son las historias que cuentan mis amigos estudiantes cuando hablan de los cuervos, mis compañeros de cuarto y estudio se ríen de lo rapaces que somos.

- Jurista 1: Acostúmbrese hombre, usted me parece que sigue sin entender, los juristas son gente bien, hablan bien, se mueven bien y cuentan chistes de juristas, chistes bien, que sólo ellos entienden… le quiero decir: que no son comunicables al vulgo.

- Jurista 2: Ah, ¿También hay una forma jurista de reírse?

- Jurista 1: ¡Claro!, preste atención: Jua, Jua, Jua, Jua!!!!. Nada de Ja, ja, ja, ja.!!!

- Jurista 2: No veo la diferencia, pero vamos a intentar de nuevo, cuente otro por favor…

- Jurista 1: Será un placer. Se encontraba Moisés leyendo a su pueblo los mandamientos: Noveno mandamiento: no desear la mujer del prójimo. Por allí venía caminando un antiguo colega romano que pasaba y le retruca delante de su pueblo: Eso dice la ley, ahora esperemos a ver qué dice la jurisprudencia…

- Jurista 2: Muy interesante… Jua, Jua, Jua!!!. – (Jurista 2 pone cara de haber comprendido).

Jurista 1: Se da cuenta del tono del chiste, la risa es también una cuestión de forma, un desprendimiento intelectual de finísimo sentido, la risa no es un exabrupto apasionado, es un pequeño gesto controlado, una mueca breve que se desliza entre los labios y con un aliento en esfuerzo, hace el ruidito que llamamos “la risa de los juristas…” (Jurista 1 hace los gestos necesarios para que su compañero comprenda de que está hablando)

Jurista 2: Ahora déjeme contarle otro de los míos, por favor, por favor…

Jurista 1: Que sea el último; y déjese de chabacanerías…

Jurista 2: Bueno, bueno… Cierta vez, el perro de un abogado se escapa y entra corriendo -sin correa- en una carnicería, donde se roba un gran pedazo de carne. El carnicero siguió al perro hasta la oficina del abogado y le pregunta a éste:- Si un perro entra corriendo sin correa a mi carnicería y se roba un pedazo de carne, ¿tengo el derecho de exigir al dueño del perro que me pague la carne que el perro robó?, El abogado contesta: - Absolutamente.- Entonces me debe usted nueve pesos. Su perro me robó un pedazo de carne hace unos momentos. El abogado sin decir ni una palabra, escribe y entrega al carnicero un cheque amparando los nueve pesos. Dos días después, el carnicero abre el correo de su casa y encuentra un sobre del abogado. Al abrirlo se da cuenta de que es una factura por $50 en concepto de honorarios por la consulta.

- Jurista 1: Sigue con el mismo tono del chiste….

- Jurista 2: No, no, observe y escuche que bien me sale: Jua, Jua, Jua, Jua , Jua, Jua, Jua, Jua !!!!.!!!!.

- Jurista 1: Muy bien, esa es la forma, la forma de la risa jurista.

- Jurista 2: Si, la forma, la forma….

- Jurista 1: Está aprendiendo, muy bien, muy bien…, pero escuche, escuche con atención, algo se acerca… allí están los otros, no olvide que usted va a representar a los otros, usted tiene que saber que esos otros son el horror, me entiende, ¡el horror!, no es necesario que los conozca mucho, no puede llegar a mezclarse y confundirse con ellos…

En eso los juristas se miran con atención, hacen un silencio, miran hacia todos lados, sienten ruidos extraños, una música festiva, gritos carnavalescos, no saben bien de donde provienen, se vuelven a mirar intranquilos, tienen miedo, de repente ingresan a escena dos personas, uno de ellos lleva ropa payasesca, el otro ropa simple, de docente universitario. Los juristas observan asombrados en un costado. El sociólogo y el profano se dirigen al público, les entregan personalmente un especie de volante con anotaciones.

- El sociólogo: Por mas que estos juristas pretendan imponer y hacernos creer la complejidad de toda una tecnología en saberes, imágenes y miradas, las practicas que componen históricamente esa profesión, se sustentan sobre una trivialidad; esto es, un conjunto de movimientos corporales tasados sobre un contexto cotidiano dado, que pueden ser diseccionados a la luz de una detallada descripción dramática que deje en evidencia cada puesta en escena y su interacción.

- Profano: Estos bogas nos están engañando, son cuervos que se muestran de una manera y después son otra, te dicen una cosa y después hay otra, para mí que son pura pinta, hay que sacarles la careta nomás y vamos a ver quien son en realidad.

- El Sociólogo: Porque las practicas cotidianas de los juristas, podrán seguir siendo vistas por ellos mismos- o por la soberbia de su Ciencia del Derecho- como una labor trascendental, racional y sagrada, como una rutina científica que progresa, y que pocas veces- por miedo a que a través de un mínimo ejercicio de extrañamiento, quede al descubierto la simpleza y la arbitrariedad mundana que la constituye- se de el lujo de asumir su propia ruptura.

- Profano: Están muy creídos estos cuervos, se la dan de mucha altura, de piripipí, con cara de santos se presentan los muy turros, que “…deje señora, deje señor, déjemelo a mí, yo se lo resuelvo, es un asunto tan complejo que sólo yo lo voy a poder resolver, pondré mi ciencia a su servicio…”. Los muy doctorcitos se creen que todo lo pueden…Digo yo, es posible que se dejen de joder con tanta chachara y se den cuenta de una buena vez de toda esas mentirillas. Cuando será el día que escarmienten frente a su chapuza.

- Sociólogo: La pregunta que inicialmente surge, es entonces la siguiente: ¿Se puede realizar un ejercicio de extrañamiento con la tradicional forma que tienen los operadores jurídicos de observarse y de ser observados sobre el campo social en el que se mueven y llevan a cabo sus practicas?,

- Profano: La pregunta que me viene rápido a la cabeza es: ¿Podemos darnos cuenta y que ellos también se den cuenta que nos están verdugueando? ¿Es posible que se miren la cara unos a otros sin que les de vergüenza de sus andanzas?

- Sociólogo: ¿Se puede, a partir de este ejercicio y descripción, dar cuenta de la amnesia histórica que implica toda una docilidad corporal a través de un habitus adquirido, como así también detallar el posicionamiento y la actuación del profesional, cada vez que se halla inmerso en ciertos espacios y situaciones sociales de interacción?.

- Profano: El día que les de vergüenza todas las macanas que se mandaron mintiendo descaradamente, será el día que puedan decir: nos hicimos los señoritos pitucos para que usted señora y usted señor nos crea capaces de resolverle sus problemas. Ocurre que nos acostumbramos tanto a llevar esa presencia todos los días, al punto que nos olvidamos que éramos así de simples como ustedes.

- Sociólogo: Se trata de indagar el espacio de interacción de estos cuerpos cruzados y cargados de un saber que los modela, como asimismo encontrar y realizar un archivo de sus posiciones mas comunes, sus gestos, guiños, estereotipos, marcas, juegos, aquellas imágenes que los sostienen y reproducen, los límites y alcances simbólicos respecto de sí mismos

- Profano: Se trata de que se den cuenta de todos los momentos y lugares en los que se pusieron en pose para engañarnos y hacernos creer que nuestros problemas no lo podíamos resolver nosotros, sino ustedes.

- Sociólogo: Es éste, el cuestionamiento social que el derecho no ha realizado, el interrogante que aquí interesa, un cuestionamiento que surge del cotidiano de los juristas, de aquellas buenas maneras y rituales decentes en los que estos se presentan, como así de aquellas representaciones históricas de su espacio profesional, que no solo pueden ser clasificadas a partir de determinados registros concretos, sino que además, pueden llegar a ser valorados desde el momento que encierran una mirada implícita – y como veremos también explícita- sobre el sí mismo, respecto de sus pares; pero principalmente respecto de los otros - me refiero a una mirada sobre aquellos ajenos al derecho, a quienes como ahora veremos, los juristas han dejado entre bambalinas, dándolos en llamar comúnmente como: los neófitos o profanos.

- Profano: Se trata de poder reconciliarnos entre nosotros, que ellos sepan que no son tan raros como creímos o en todo caso se creen, que somos más bien parecidos: entre nosotros, para quienes éramos unos burros y salvajes; y para ustedes, para quienes eran los cultos y sabihondos.

Se produce un largo silencio en el que se miran entre sí.

- Sociólogo: Estos son los juristas, luego de toda esta perorata, acá está lo que queda de ellos…

Se acercan y miran a los juristas enfundados en sus togas, están como empequeñecidos a un costado.

- Profano: Porqué en vez de dar muerte a tan ilustres compañeros, no les pedimos nos presten sus togas, en una de esas el mundo también cambia para nosotros.

- Sociólogo: Tiene razón… señores juristas, les propongo que intercambiemos nuestras ropas. Veamos que tal se observa el mundo desde esos armiños. Un principio de la sociología es cambiar la mirada. Ya lo dijeron Weber y Durkheim, veamos el mundo desde el otro lado.

- Profano: Ya lo dijo mi abuelita, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa… cambiemos de campana para ver si suena mejor la otra, o… algo así

Se intercambian de ropajes, ahora la toga la llevan el profano y el sociólogo, su contextura cambia de golpe, la dicción con la que habla también.

- Profano (convertido ahora en jurista): Ha venido a mí el alma del señor jurista, qué preciso es el mundo, qué orden, la geometría de las imágenes que veo, las palabras que pronuncio son perfectas; escuche: “nemo juris polus, nemo patitur…”

- Sociólogo (convertido también en jurista): ¡Increíble!, ahora vos, perdón: “Usted”, es ya no es un ignorante, sino que es un sabio…

- Profano (convertido ahora en jurista): Muchas gracias mi querido Jurista, debo decirle que se presenta aquí un caso muy complejo, en el que nos vemos obligados a develar el misterio de tan terrible cambio de personalidad, un delito de supresión de identidades. Antes teníamos ante nuestra vista: “ad effectumm videndi” a dos sujetos que decían eran eximios juristas como ahora somos nosotros, pero ahora son hombres sencillos…

Los ex juristas se miran desconsolados entre sí, miran sus ropas, por ahora no dicen nada, guardan completo silencio y miran reverentes a sus pares hablar.

- Sociólogo (convertido ahora en jurista): ¡Sí, sí, es la muerte de los juristas!, hay que llegar a la verdad del asunto, vayamos a fondo y entendamos la muerte de su realidad de otro modo…

- Profano (convertido ahora en jurista): Claro… pero para ello deberíamos analizar primero mis honorarios, pues quizás no lo recuerde, pero es a usted a quien le endilgan la muerte de mis queridos colegas.

- Sociólogo (convertido ahora en jurista): Cómo a mí señor, a mí no puede ser, si yo llegué aquí vos, perdón, con usted…

- Profano (convertido ahora en jurista): Déjese de sandeces, hay que preparar una defensa, un alegato creíble para que no lo encarcelen por único sospechoso de este horrible crimen.

Los ex juristas toman posición y comienzan a hablar, se dirigen al público, sacan un volante de sus bolsillos y se lo entregan:


- Jurista 1 (convertido ahora en sociólogo): Hay sectores dentro de ciertas clases sociales que construyen una diferenciada relación con el cuerpo, ya sea en el gusto estético, y en los juegos de etiqueta en los que se manifiesta. Se podría afirmar, que el mantenimiento de estos lugares diferenciados en las clases sociales se dan también a partir de “la distinción” en las prácticas sociales y culturales ejercidas bajo criterios lingüísticos, formas y marcas corporales que la clase dominante y sus grupos de letrados reasegura y monopoliza como extraños. La distinción de estos grupos aumenta en la medida que los instrumentos necesarios para lograrla sean raros, escasos y que las pautas para codificarlos no estén distribuidas universalmente. Sólo así una minoría se separa de una mayoría, solo así estos últimos quedan como obnubilados ante los movimientos llamativos y novedosos de los primeros.

- Profano (ahora convertido en jurista): Ahora se aprovechan de nosotros, deberíamos aplicarles capitis diminutio máxima.

- Sociólogo (ahora convertido en jurista): Yo diría, la conocida manus iniectus.

- Profano (ahora convertido en jurista): Esa no la tenía, manus cuanto…

- Sociólogo (ahora convertido en jurista): La manus iniectus era una institución del derecho romano antiguo contada por el gran romanista Savigny, que consistía en hacerse dueño del cuerpo del deudor y cortarlo en tantos pedacitos como acreedores existiera. Cada uno se llevaba la mejor tajada.

- Profano (ahora convertido en jurista): (Mirando a los otros presentes de reojo). ¡Ah!, que interesante… el cuerpo es la prenda común de los acreedores. Qué interesante…

- Sociólogo (ahora convertido en jurista): El cuerpo es la garantía que podemos cortar en tantos pedazos como venga al caso. Pero la toga, la toga… no se toca.

- Jurista 2 (ahora convertido en profano): Esos pijos se hacen los raritos, cada vez más raritos y con más guita. Nosotros nos hacemos los raros con lo poco que tenemos a mano, con lo que nos queda. Igual los envidiamos, siempre quedamos como flascheados con ellos, cada vez que pasan, cada vez que están frente a nosotros. Hay pibes en otras partes del barrio que se la dan de copetudos y se empilchan de otra manera, no traspiran la camiseta y se manchan como nosotros, juegan entre sí todo el día para ver quien es el más lindo y el más cajetilla. Cada vez que pasamos nosotros nos miran de arriba abajo como diciendo, de donde saliste loco, volá de acá que vos hablas como un bruto. Esos pijos se hacen los raritos, cada vez más raritos y con más guita. Nosotros nos hacemos los raros con lo poco que tenemos a mano, con lo que nos queda. Igual los envidiamos, siempre quedamos como flascheados con ellos, cada vez que pasan, cada vez que están frente a nosotros.

- Profano (convertido ahora en jurista): ¡Por favor!, de dónde ha sacado esa vulgaridad propia de los bárbaros y animales. Así era…mi…mi…lenguaje…en una etapa anterior a mi evolución de este gran jurista.


Se retiran todos del escenario.

Julián Axat y El cuerpo de la Toga (2), obra de teatro

ACTO SEGUNDO. (Finiquitando)

Ingresan a escena los dos juristas y los dos profanos, los cuatro llevan puestos calzoncillos, traen consigo dos maniquís, uno vestido con toga otro vestido con ropa payasesca. También traen una lámpara.

Persona 1: (hacia el público): El aparato óptico de la representación, es un experimento que inventamos, en realidad fue inventado hace mucho tiempo, nosotros les vamos a explicar cómo es que funciona.

Persona 2: Ustedes son unos profanadores de lo sagrado, unos bárbaros y brutos.

Profano 3: El aparato óptico es exactamente un profanador, su uso demuestra que la historia ha construido una imagen de los juristas, una forma óptica sagrada, como efecto-representación pública de presentificación de lo ausente, o de lo muerto, y de la autorrepresentación que instituye el sujeto de mirada en el afecto y el sentido.

Persona 4: El abogado, ad-vocatus, el que “aboga por otro”, habla por él, se pone su rostro y habla en público mientras el otro silencia. Habla el que sabe, calla el que ignora.

Profano 1: Con esta maquinola se trata de poner al descubierto cómo un signo visible puede ocultar otro. Cómo hemos sido engañados por medio de un espectáculo hecho para pocos actores, pero dirigido al grán público.

Profano 2: El aparato óptico sirve para representar: exhibe, hace comparecer en persona que hace ostentación pública, construye presencias bajo una modalidad social codificada.

Profano 1: Paso a explicarles su mecanismo: Se pone la máquina enfrentada a los maniquíes. Ahora todos nos sacamos la ropa.

Todos se sacan la ropa y la devuelven a los maniquíes, el aparato se enciende de golpe y apunta a las vestimentas, se escucha un rudo extraño, como un trueno, salen luces de colores. Los actores se desparraman por el piso, se dirigen hacia los trajes y se los ponen ahora, los profanos se visten de juristas.

Jurista 2: ¡Pero claro!, para nuestra profesión es fundamental ocultar las minucias y miserias del representado, para luego representar las bellezas y magnitudes del representante. Lo excelso es lo apolíneo, diría Aristóteles. Lo bajo e impuro debe quedar afuera.

Profano 1: Sería más bello que nuestros queridos actores, quienes nos representan, no olviden el libreto que le hemos escrito especialmente.

Jurista 1: En una gestión de negocios así siempre habrá tarea demás para realizar, cosas que el libreto que nos han dado y que en modo alguno estaban previstas. Pero nosotros, con suma libertad podemos hacerles decir y así jugar a ser ustedes…

Profano 2: Con lo que usted está diciendo queda a la vista que representar es también ocupar el lugar de alguien a quien se da por muerto.

Jurista 2: No queda ninguna duda.

Profano 1: Es la efigie puesta en lugar del rey muerto sobre el lecho funerario.

Jurista 1: Cómo los sarcófagos egipcios.

Profano 2: La representación se funda entonces en mostrar el silencio de un muerto, y la voz de un vivo…

Profano 1: Un flor de vivo….

Jurista 2: Por favor, no injurie mi magistratura…

Profano 2: El espectáculo se dirige directamente a la imaginación produciendo un extraño efecto simbólico despabilador que produce creencia.

Jurista 1: Pero si estamos actuando, ¿quien habla a través de este actor es un muerto?

Profano 1: Si usted va a decir toda la verdad, entonces adelante…

Jurista 2: ¿Se trata de poner en duda toda forma de representación, no?, ¡Joderse entonces!

Jurista 1: Si trajeron esa maquinita, déjense de hipocresías, y hagan uso de ella contra todos los representantes.

Jurista 2: Profanen todo, y háganlo de manera radical…

Profano 1: (se dirige a su compañero) pero esto no tiene nada que ver con el radicalismo…

Profano 2: No seas tonto… nos están diciendo que dejemos de profanar o nos van a profanar a nosotros mismos.

Los profanos hablan entre sí, ponen cara de preocupados

Profano 1: Pero si usamos la máquina contra nosotros mismos, nos convertiremos en los actores de carne y hueso que estamos representando esta escena.

Profano 2: Es eso lo que nos están pidiendo… pero ya lo tengo (se dirige a los juristas), ¡hagamos un pacto!

Jurista 1: Adelante, diga, diga…

Profano 1: Nosotros seguimos actuando, y ustedes siguen con sus fechorías, rompemos la máquina, nos olvidamos de ella para siempre, nos independizamos de los representados.

Jurista 1: Ahora sí, ¡seremos libres!

Jurista 2: Libres con total impunidad para actuar…

Profano 2: Para seguir cobrando honorarios

Profano 1: Para seguir con nuestra murga, y nuestro carnaval, ¡destruyamos la máquina!.

Los cuatro toman unos palos y martillos que tienen a mano y comienzan a golpear la máquina hasta apagarla. Una vez que terminan, se miran entre sí. Se quietan la ropa, quedan nuevamente en calzoncillos. Y se dirigen al público, mezclándose entre ellos.

Los cuatro (entre el público y a los gritos): ¡Somos libres!


SÍNTESIS CONCLUYENTE. (Dejá la toga pibe y veníte a la fiesta)

Ingresan el autor y el director a escena, el primero está vestido con ropa carnavalesca, el director lleva puesta una toga:

- El Autor: Señor espectador, somos los padres de la criatura, los representantes de todo este artefacto estúpido. Aquí nos atajamos, por eso y también por cierto grado de culpa, nos hacemos absolutamente responsables de lo que acaban de ver. Si vino fallado de fábrica o les pareció un mero acto de esnobismo, sabrán disculpar o pedir la devolución de su dinero en la puerta. Gracias.


- El Director: Si les gustó o acaso se sienten parte de todo esto, tenemos la esperanza que usen la toga de otro modo, no se separen del mundo señores, sepan disfrutar de la fiesta, del encuentro alegre de sus cuerpos. Gracias.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Juan Aiub Ronco, un poema para Virginia Ogando



VICTORIA

En memoria de Virginia Ogando


Zanja llena de barro
siempre
hurgar
tantear a oscuras
un brazo igual al tuyo,
igual pero de varón
una nariz
dedos, varios dedos

Tocaste algo?
Sí, creo que son dientes.
Es él?
No, no es
otra falsa alarma

Alegría de la búsqueda se escurre
nunca será hallazgo

No es cierto que tu sonrisa hizo lugar a un cilindro helado
Ni que tu sangre perdió viscosidad sobre esos rulos dorados
no es cierto
Tus ojos fáciles no quedaron abiertos
Por fin los encontraste, el experimento funcionó


Juan Aiub, 15 de agosto de 2011.-

viernes, 12 de agosto de 2011

“¡En qué país vivimos!”.El juez, el futbolista y la yegua.

Populismo y persona

Derrumbado el paradigma comunista y domesticado hasta su desnaturalización definitiva el ideario socialista, apareció un nuevo monstruo al que los poderes del mundo quieren acabar, condenándolo como epítome del mal: el populismo. Concepto demonizado por una equiparación, forzada y reduccionista, con la idea de masificación y sostenida en una supuesta, e irreductible, negatividad de la masa, presentada como lo amorfo, sin autorregulación, ni autonomía posible, ajena a la clara y reflexiva libertad del individuo o mejor aún, libertad del ciudadano, ese ser impoluto que conoce derechos y obligaciones y es guiado por su conciencia moral hacia la satisfacción de sus necesidades por el Mercado, dentro de un orden social de pares que, con funciones diferenciadas de acuerdo a rango, posición social y/o saber, contribuye a la armonía y al logro de un progreso incesante.

En tanto y en cuanto las expresiones, las formas y productos culturales populares, las voces, no interpelen, no afecten, la esfera de “lo político” serán tomadas (y alentadas) como parte del color local, del juego de lo diverso, globos de colores con todos los matices del entretenimiento y, en consecuencia, fáciles de conceptualizar, envasar y vender. Ese populismo de baja intensidad, ese color local soportable, ese juego con deslices desde los pliegues de lo permitido es, al fin de cuentes, la sal de la tierra para una sociedad del espectáculo mediático, el componente básico de ríos de advocaciones a la moral y las buenas costumbres, materia prima de la crítica de costumbres mas adocenada y repugnante y por otra parte (con su valor consolador y su profunda mala fe) más prolífica en los medios. Es lo que va de un Ford a una Giménez, de un Tinelli a un Rial, en los innumerables programas de crítica del espectáculo, pero también en el color local o las apelaciones coloquiales y cancheras de los escribas serios del poder. Pero ¡cuidado!, algunas de esas voces, pueden salirse del libreto, del esquema de incumbencias y permisos asignados por los dueños del juego.


En cambio el populismo, en tanto intervención y despliegue político de vastos sectores sociales, es esgrimido como espantajo en el discurso globalizado de occidente. La bête noire de la paz social, las reglas de urbanidad y el consenso social, la degradación del orden democrático por “otra cosa”, en donde, la presencia de vastos conjuntos sociales en el espacio público, las figuras de liderazgo, los emblemas de la pasión, la voz y la opinión de los impertinentes, los que “no pertenecen”, son “excrecencias malsanas”, malos ejemplos para la educación de la plebe y síntomas ineludibles de un mal que debe corregirse con orden y autoridad. Una plebe, aclaremos, a la cual solo le esta asignado un paciente proceso de estoicismo, de normalización educativa, de moldarse en ese lecho de Procusto de un orden en cuya edificación no tuvo ni voz ni voto (o bien fue engañado o tergiversado, según el devenir sociopolítico de la sociedad en cuestión). Y es bajo este concepto que se articula, desde el despliegue del proyecto político kirchnerista en nuestro país, una de las batallas más significativas de los últimos años, presentes en la construcción diaria de sentido, en la propia percepción de la realidad y, en consecuencia, en la lucha política cotidiana.


La construcción de esa negatividad sin matices, es, por supuesto, toda una operación semiótica, y política, cuyos fines son claros: la apelación a un calificativo ad hoc de disciplinamiento, advertencia y condena, inscripto en una construcción simbólica mayor: la apelación reiterada a los valores republicanos, la moral permanente (¡y aceptable!) de la patria, o el sentido común a secas. Operación a la cual se acude en vista de un realidad palpable, tanto en nuestro país como en buena parte del mundo civilizado de occidente: la falta o la estrechez del actual discurso de una derecha que, a fuerza de lidiar con una crisis económica, financiara y social inmanejable, empieza a mostrar sus verdadero diagnóstico y propósito, sin maquillaje ni anestesia: la consolidación de una sociedad en donde sobra gente y en donde sólo un rígido disciplinamiento puede garantizar la conservación de los privilegios y el avance de una idea de progreso restringido, a costa del exterminio de población y la definitiva degradación del ambiente.


Así, instalado en el discurso de los grandes medios la cantinela de la degradación del orden público, no resulta extraño que un pasquín seudo periodístico, despliegue una campaña de hostigamiento a uno de los jueces más prestigiosos del país, Raúl Zaffaroni, en nombre de una decencia y decoro que la propia práctica periodística del medio impide dilucidar y que, sobre la misma campaña, se inscriban personajes de toda laya y políticos con principios de plastilina e idoneidad de cartón. Campaña degradante que, como sabemos, provocó la reacción inmediata de sectores sociales de toda índole y el posterior sosiego del medio inculpador, ante el desenmascaramiento de la operación.“Soy Raúl, yo trabajo de juez, no soy juez.”, dijo el propio Zaffaroni ayer en una Facultad de Derecho de la UBA colmada por organizaciones sociales, colegas y estudiantes. Una persona, diríamos, ni mas ni menos. Una persona, como el propio Maradona explicó en un largo reportaje concedido a la revista Garganta Poderosa y que también incomoda: “Yo soy y seré villero toda mi vida, y estoy orgulloso de haberme desenvuelto como un villero en un mundo donde todo el día te quieren llevar por delante”. O como otro jugador popular, Carlos Tevez, declaró en la misma revista tiempo atrás: "Aunque sean más inteligentes con la cabeza, por haber estudiado en las mejores escuelas, nosotros somos mucho más fuertes en nuestro interior y somos mejores del lado humano, que es lo importante. En ningún otro lado existe tanta humanidad como en una villa".


Estas declaraciones se vuelven útiles no porque sean verdades absolutas o santificables, sino porque parten de una condición de pertinencia que las hace profundamente veraces y humanas: el apego y la reivindicación a la propia dignidad como persona, fuera de todo rango o distinción social, fuera de toda diferencia fundante de algún privilegio o autoridad. El ser y sentirse persona. Como tantos miles que, contra toda resignación, parten de esa certeza para justificar y abonar su lucha diaria por la vida. Y no es casual entonces el cariz político que toman sus opiniones como también, claro, el origen de los acosos y ataques que sufren. El mismo tipo de ataque que padecen desde la propia presidenta (la yegua) hasta quienes en el ámbito periodístico o intelectual abonan sus políticas con epítetos de todo tipo que solo confirma la catadura rufianesca y cobarde de quienes los infieren. Es este el punto que creemos necesario enlazar: la efervescencia de lo popular, la participación desprolija y pasional de vastos sectores en la vida social, tiene un hondo anclaje en nociones elementales como las de dignidad y persona que, contrariamente a lo que señala el discurso del poder, son, al mismo tiempo, basamento y objetivo de una verdadera política populista.

Carlos Aprea, Villa Elvira 12 de agosto de 2011

martes, 19 de julio de 2011

La historia de Carlos A. Disandro, mentor espiritual de la CNU




La literatura nazi en argentina


El “Papa blanco” y sus heraldos negros


La historia de Carlos A. Disandro, mentor espiritual de la CNU


Por Julián Axat



Quienes pasamos por el Colegio Nacional de La Plata, escuchamos alguna vez la anécdota sobre Carlos Alberto Disandro, profesor de letras de esa casa de estudios entre los 60 y 70, experto en recitar en voz alta poemas en latín, siempre custodiado por un grupo de preceptores del CNU que lo esperaban con los fierros sobre el pupitre antes de que el maestro ingrese al Aula, y luego le alzaban su brazo derecho remedando el gesto del führer.

De origen humilde, el “Papa Blanco”, como gustaba nombrarlo a Carlos Disandro sus discípulos, nació en La Plata en 1919, pero se trasladó a Córdoba en su adolescencia, lugar donde estudió en el exclusivo Colegio Monserrat. Allí toma contacto con quien será su maestro espiritual, el filósofo Nimio de Anquín quien, al igual que el filósofo Carlos Astrada regresaba de asistir en Alemania a las clases de M. Heidegger y E. Cassirer.

Por entonces Nimio de Anequín (1) pasa a ser conocido como fundador de la Unión Nacional Fascista Católica de Córdoba (1936), organización con impronta independiente y con posición más radicalizada y –paradójicamente- menos aristocratizante que el integrismo-clerical-lefebrista que se venía predicando en Córdoba. Como sostiene Pancho Aricó, Nimio es una rara avis con fuerte influencia de José Antonio Primo de Rivera, para quien la Falange reunía la expresión de divinidad, espada para combatir a la “diabólica” doctrina comunista internacional (2)

Al recibirse de bachiller en Córdoba bajo la influencia de Nimio de Anquín (3), Disandro regresa a su ciudad natal donde poco después se recibe de Profesor y más tarde como Doctor en Letras con una traducción y tesis introductoria sobre la poética de Lucrecio (De Rerum Naturam), ahora apadrinada por el profesor de latín y poeta Arturo Marasso (4).

Al introducir la obra de Lucrecio, Disandro centra su análisis en minimizar la influencia del atomismo de Democrito y el hedonismo de Epicuro (el exceso de atomismo será leído como puro materialismo) en función de fortalecer una cosmología espiritualista propia del romanticismo hegeliano (5). En estos términos, la naturaleza sería una representación del espíritu y epifanía poética, y no meramente átomos y vacío propias –al decir de Oswald Sprengler- del inicio de la “decadencia de occidente”. Este párrafo resume su mirada sobre la obra lucreciana: “… La estructura, enunciación y prueba de los principios, verificación de los mismos en la realidad sensible, ancho campo de observación y análisis, añádese el descubrimiento y la experiencia personal de una realidad indeterminada, rica y henchida de una vida misteriosa, que es el centro para las miradas del poeta… hay en Lucrecio un materialismo de las cosas, vivas y actuantes, y no un materialismo de la materia muerta, inoperante y negadora… si hay mucho de trágico en Lucrecio no es por cierto a causa de un materialismo ateo, desdeñoso y sacrílego, ni tampoco por esa extraña perduración en el ambiente romano, luego de tan admirables iluminaciones como las de Píndaro, Platón y Aristóteles, de una física mítica, en contraposición a una nueva física de explicación más universal, sino precisamente por esta indestructible transformación de su mundo espiritual a la condición, contenido y límites de su experiencia” (6).

Durante el primer gobierno de Perón, Disandro sigue los pasos de su maestro Nimio de Anquín, quien luego de haber sido separado de su cargo por su oposición al gobierno de la década infame, pasa a acceder al cargo de Profesor titular de Lógica en la Universidad Nacional de Córdoba (7). En 1944 Disandro también accede al cargo de Profesor Lenguas Clásicas de la UNLP; y tres años más tarde (1947) recibe de propias manos del General Juan Domingo Perón el diploma de profesor titular de la misma cátedra. Trabajo que alternó como empleado de la Secretaría de Trabajo y Previsión, además de colaborar con el proceso de reforma universitaria que llevó a Ley 13.031 (8).

A diferencia de su maestro Nimio de Anquín de origen claramente aristocrático pero insinuando posturas clericales populistas, el fervor con el que Disandro asume la causa peronista –seguramente- se halla asociado a un genuino origen plebeyo que hasta entonces negó con erudición latina; de allí que le sirva para asumir, legitimar o hacerse reconocer con capacidad para engendrar un pensamiento nacional-popular que cruza lo culto-popular bajo la triada: a) el clericalismo ultrapatriótico-populista- antisemita (Nimio de Anquín): b) el estudio de las letras clásicas (Marasso) como necesidad de un cristianismo que abreva en los padres griegos (tomismo) c) pensamiento político filosófico del primer peronismo, es decir, “La comunidad organizada” (Juan Domingo Perón – y en especial Carlos Astrada, Primer Congreso Nacional de Filosofía 1949) (9).

En las actas de dicho primer Congreso Nacional de Filosofía 1949, Disandro no figura como disertante, y sí figura su maestro Nimio de Anquín. Algunos sostienen que pudieron olvidarse de él, o bien que por entonces era considerado como un simple docente más cercano a la literatura y las lenguas muertas, que a la filosofía. Hay quien sostiene que Disandro asistió al Congreso como simple oyente, y hasta organizó en paralelo un contra-congreso cuyo fin era pensar el acercamiento del peronismo con el catolicismo (10).

Con la revolución libertadora del 55, Disandro es removido de su cátedra de la UNLP junto con 4.000 profesores en todo el país, incluyendo a su maestro Nimio de Anquín en Córdoba. Durante la proscripción peronista, comienza una etapa de basta producción intelectual que se divide en tres. Una panfletaria, otra puramente literaria ensayística y otra poética.

En la obra panfletaria se destaca la creación y dirección de la revista La Hostería Volante (1959) título tomado de la novela homónima de G. K. Chesterton, y en la que congrega a algunos seguidores que comienzan a trabajar el concepto de conjura o sinarquía en función de Los Protocolos de los Sabios de Sión. Disandro prefiere llamar a la sinarquía como “Frente del Algodón”: conspiración de los blandos con capacidad de ser infiltrados (jesuitas, bolcheviques, marxistas, judíos sionistas) para servir a la coalición de los enemigos duros de la patria (los católicos antiperonistas, integristas, masones y militares golpistas), sostenidos por la Sinarquía mundialista en el poder” (11). Aquí el panfleto de Disandro no parece ser muy original o distanciarse de las ideas preconcebidas por el propio Perón en cuanto la conspiración de la Sinarquía como causa de la interrupción de su segunda presidencia (12). Por lo demás los trabajos Disandro sobre la sinarquía (13), no distan mucho de las producciones intelectuales de Gustavo Martinez Zuviría (Hugo Wast) (14), o del padre integrista-lefebrista (15), Julio Meinville (16) (salvo por el profundo antiperonismo de este último) (17).

En paralelo a su producción panfletaria, Disandro comienza en 1960 una etapa como ensayista literario, editando sus propios libros en Hostería Volante, y con abordaje de la obra poética de Leopoldo Lugones. Luego se embarca con R.M.Rilke, San Juan de la Cruz, Luis de Góngora, Lope de Vega, Dostoievsky, etc. En todas ellas repite el sistema ensayado para tergiversar a Lucrecio en su tesis doctoral: se trata de salir de una fase de cosmovisión materialista-literaria para resaltar una más elevada o vinculada al concepto romántico de “Volkgeist” (espíritu de pueblo) (18) o de superhombre hyperbóreo nietzscheano (19).

Finalmente, en julio de 1972, Disandro publica -en su editorial- su único libro de poemas, el que titulará: “Sonetos – a la gloria del fuego”. El poema está dividido en tres ciclos y en cuarenta sonetos a la española con un orden fijo (al estilo Lope de Vega) de dos cuartetas y dos tercetas.

El clasicismo de Disandro busca la exquisitez de los versos en formas fijas hispánicas, pero con imágenes cercanas al romanticismo Francés y Alemán, tras la búsqueda de los arcanos mayores y menores (P. Valery), que guían al poeta pasionario hacia el grial (para salir de la oscuridad en la que está inmerso):
“… El último candor de la tormenta / era cárdeno, mágico y dichoso: / desde nubes violáceas, silencioso / tornaba en luz la tarde, libre y lenta. / En el pausado réquiem con que ostenta / su decoro sutil y misterioso / cada fronda era introito tembloroso / y noble gracia cada cumbre atenta. / Pero ahondaba el fosco y raudo rito / la esperanza de un mundo dominado por el gesto total de la tormenta. / En el sombrío centro sólo un grito / audaz como la tierra y consagrado / por el ansia del fuego que lo alienta” (Soneto 17)

El último poema parece profetizar el tiempo por venir de Disandro, un tiempo de oscuridad y de cruzadas: “He cantado piadosamente el fuego / en tiempos de su reino oscurecido / para salvar su lumbre del olvido / y celebrar su gloria en el sosiego / El sacrificio arcaico que despliego / es el fuego en el soplo estremecido / y en sus arcanas ondas el gemido / es vigor de una tierra en su trasiego / He cantado piadosamente el mundo / donde erige su casta resonancia / el ígneo poder que salva y funda. / Y en este soplo nítido y profundo / consagra la virtud de su sustancia / la llama virginal, que lo circunda.” (Soneto 40)

La poética de Disandro es excesivamente formal, cuasi religiosa, está escrita –deliberadamente- en una lengua que suena a jeroglífico muerto. Como poeta es más bien una suerte de ensayista o un traductor del latín-griego en el que se muestra experto. Todo su libro podría ser explicado desde una lectura atenta de “La escuela Romántica” de Heinrich Heine.

Pese a ganar varios concursos entre 1955 y 1972, Disandro no es reincorporado a su cargo hasta la amnistía de 1973, accediendo a la misma cátedra de Lenguas Clásicas que había perdido luego de 18 años. Comienza allí su actividad en el espacio académico de La Plata adoctrinando como guía espiritual a las nuevas juventudes que abrevan en el claustro desde el peronismo católico de derecha o desde organizaciones como Tacuara o sindicalistas ortodoxas. El área de influencia de Disandro es cada vez mayor entre los grupos de estudiantes en torno a su figura intelectual que marca la línea, mientras hace lo posible por alimentar la creencia de ser el delfín de Perón, exhibiendo su correspondencia con el líder en la que expresamente lo incita tener seguidores (20).

Es cierto que Disandro y Perón intercambiaron algunas veces. Ahora bien, dado que Perón desconocía a fondo el mundo universitario confiaba en personajes como Disandro que al menos le aseguraban la inserción de algunos conceptos que le interesaba se reproduzcan en esos escenarios, y en los que –claramente-coincidían (me refiero al concepto de sinarquía). Estudios recientes mencionan que la confianza de Perón a Disandro fue ganada gracias a su actividad como soplón por correspondencia, en especial sobre la trama de los intelectuales eclesiásticos luego del Onganiato (21).

Nace así, en torno a la figura de Carlos A. Disandro, un grupo de seguidores que van a formar la Concentración Nacional Universitaria CNU. Su área de influencia se mueve entre La Plata- Mar del Plata- Córdoba. Las facultades de Derecho, Historia y especialmente Letras. La jefatura política queda a cargo Patricio Fernández Rivero alumno directo, pero también novio de la sobrina de Disandro, María Disandro (22). Es Patricio Fernández Rivero a través de quien la CNU comienza a operar en el ámbito universitario Platense-Marplatense combatiendo todo lo que suene a marxismo y reformismo dentro de las filas peronistas. A la vez que reivindican el regreso de la ley 13.031, en la que Disandro trabajó en el primer gobierno Peronista.

Desde su fundación, la CNU establece profundos lazos con la CGT de Rucci. En definitiva, se transforman en una organización de cuadros, la mayoría armados, con contactos importantes con el sindicalismo (el sindicalismo metalúrgico los usaba o complementaba como grupos de choque).

Durante 1973, Disandro escribe un panfleto con el que pretende refutar las ideas de J.P. Sarte con fuerte impregnación en el pensamiento peronista de izquierda universitaria, y a quien considera un elemento del sionismo sinárquico. El título es un remedo del “Existencialismo es un humanismo”; y se titula: “El Humanismo Político del Justicialismo”.Extracto aquí un párrafo central:
“el Justicialismo es un humanismo, en cuanto parte o supone una filosofía del hombre, una filosofía de la historia; y es un humanismo político, en cuanto pretende afirmar las premisas que configuran la existencia del Estado, las características de la vida política como un acto creador, las condiciones de un gobierno que signifique la justicia, el orden, la paz, el trabajo, la piedad, etc. Pero como humanismo se confronta, se contrapone y dirime con otras regimentaciones que también se consideran humanistas, y que pretenden asimismo derivar consecuencias políticas, que debemos establecer, criticar y rechazar. Me refiero en particular a las formas del liberalismo, del marxismo y del desarrollismo, a los que me referiré sucintamente y de modo especial. De esa referencia se deducirá al mismo tiempo las características positivas del Justicialismo y las consecuencias políticas de sus premisas”. (23)

Con el tiempo, ya lo dijimos, Disandro será nombrado por sus seguidores como una suerte de Gran Maestre o “Papa Blanco” (el gran padre blanco de la logia). Del semillero de heraldos negros (24) que fue gestando con dedicación, pueden distinguirse dos tipos de perfiles propios de la CNU: aquellos con algo de erudición y vuelo, capaces de reproducir un refrito en latín de la Espada Lugoniana dentro de las Aulas o hacer trabajo de superficie; y aquellos que apenas entendían el ABC de sus conceptos y servirían de sicarios, matones para nutrir al sindicalismo o a los esbirros a la Triple A que ya se gestaba.

Ninguno de los esbirros de Disandro se caracterizó por ser buen poeta de derechas (como tampoco él pudo serlo, pese a su admiración por Lugones, Celine o el reciente Bruno Vidal), sí por terminar como simples asesinos a sueldo, o como mediocres docentes de escuela o universidad. O como protagonistas de episodios policiales conocidos en su época y que ahora pocos recuerdan (25). Algunas notas periodísticas comienzan hoy a mencionar a sus discípulos con nombre y apellido (26), mientras se sigue investigando toda la participación de la CNU en delitos de lesa humanidad (27).

En 1975 Disandro recibe un atentado con explosivos en su domicilio de La Plata, que es atribuido a Montoneros. Pese a los destrozos, el profesor logra salir ileso. La CNU promete venganza (28).

Durante la dictadura militar 76/83 Disandro siguió dando sus clases en la Universidad e intercambiando con intelectuales afines, incluso con miembros de las FFAA que le tienen simpatía o lo veían como un personaje curioso, o funcional.

En 1977 escribe y dicta una conferencia sobre el conflicto en el Canal de Beagle con Chile, en el Instituto de Cultura Clásica "Leopoldo Lugones", de Buenos Aires. Allí Disandro retoma sus ideas sinárquicas, pero desde un punto de vista geopolítico, donde Estados Unidos aparece como eje expansivo del mal a quien hay que neutralizar. En sus palabras resuenan las ideas del La interpretación europea del Donoso Cortés de Carl Schmitt (29), a quien Disandro prácticamente plagia desde una interpretación argentino-hispanista-antártica del Donoso Cortés:
“…En estos sucesivos espacios geopolíticos que se configuran como zonas orgánicas debemos entender nuestra guerra de la independencia y debemos trazar nuestra propia geopolítica fundacional al margen de la unión de los bárbaros, falsamente convertidos; al margen de las presiones de la derecha soviética y de la izquierda yanqui, al margen también del Concilio Vaticano II que da por abolidos los fundamentos teológicos de la cristiandad; al margen de las multinacionales que abaten las soberanías congruentes de los estados, sus virtudes prudentes y eficaces, para instaurar una sociedad mundialista sin justicia internacional. Tales son pues los capítulos de una vasta empresa geopolítica que nos espera… Geopolíticamente la Argentina pierde en una serie interminable de desgarramientos que llegan al actual arbitraje del Beagle. La cuarta fase corresponde en fin a las tensiones entre el movimiento nacional y el movimiento sinárquico, que ha alcanzado su máxima eficacia concentracionista y su máxima expansión operativa en la derrota del Imperio. Hemos entrado en fin en la quinta fase de la que depende ahora la continuidad de la Nación Argentina. La dirección de nuestra geopolítica será forzosamente contrapuesta a la de EE.UU., en la misma medida que éstos son bárbaros que irrumpen y confunden la unidad del Imperio, mientras nosotros somos Imperio romano, imperio español, Iglesia de Nicea donde España triunfa a través de un obispo de nombre griego. Y ahí también está el signo fatal de EE.UU.: impedir que América recoja la sucesión imperial, impedir que Europa vuelva a su connatural tensión de romanidad y germanidad para dominar al bárbaro de las estepas…La guerra de la independencia sugiere en estas instancias tres motivos fundamentales, que desentrañan el sentido de su despliegue: 1) combatir el ecumenismo sinárquico que es la muerte del Graal, el desprecio de los hiperbóreos, la ciencia de los atlantes. 2) replegar las tensiones del hemisferio norte que perderá irremediablemente el cetro histórico. 3) reabrir el combate del imperio por el Atlántico sur, que nos abra el acceso definitivo al eje polar…” (30).

En 1984, el Pinochetismo distinguió a Carlos A. Disandro como profesor extraordinario y honorífico de la Universidad Católica de Valparaíso. En ese mismo año, la Universidad Nacional de La Plata debía refrendar expresamente a aquellos docentes que venían de la Dictadura. Ese así que el Decano de la Facultad de Humanidades, José Panettieri, no refrenda la continuidad de Disandro a cargo de su cátedra. De todos modos, si bien dejó la enseñanza, siguió publicando opúsculos que a esa altura ya nadie leía.

Carlos A. Disandro falleció el 25 de enero de 1994 en soledad. A su entierro en el cementerio de La Plata, en pleno menemismo, asistieron varios de sus heraldos. Dicen que se despidieron alzando el brazo en alto remedando el gesto del führer.

Su epitafio se resume en uno de sus versos: “… y se lo tragó la oscuridad de la que provenía…”

Julio de 2011

Notas:
(1) Véase Nimio de Anquín en: http://en.wikipedia.org/wiki/Nimio_de_Anqu%C3%ADn
(2) En César Tcach, Universidad Nacional de Córdoba - CONICET Revista Estudios DIGITAL Nº 22 - LA DERECHA ILUSTRADA: CARLOS IBARGUREN, NIMIO DE ANQUIN Y LISARDO NOVILLO SARAVIA (h). Véase: http://www.revistaestudios.unc.edu.ar/articulos02/articulos/tcach.php
(3) Más tarde, Disandro le dedicará una obra: Disandro Carlos: Nimio de Anquín; filósofo, Córdoba, Inst. San Atanasio, 1981.
(4) DISANDRO, C.A., La poesía de Lucrecio. Publicaciones de la UNLP. 1950
(5) La tesis de Disandro sobre la poética de Lucrecio supone la construcción de un sistema de coherencia de la realidad sensible a través de una fructificación espiritual con el mundo material en contacto directo de los sentidos con la naturaleza. La naturaleza de la poesía lucreciana exigiría una viva asimilación de todas las ideas a la virtualidad plástica que la distingue. La visión cosmológica de Lucrecio se basaría en los múltiples aspectos de la naturaleza, en su legalidad infrangible (nacer, crecer, morir), aplicable también a los astros, y demás cuerpos, la eternidad e infinitud de simientes y vacío, la individualidad esencial de cada cosa, la combinación de elementos, la constitución del hombre y la función de los sentidos. Hay estudios que resaltan la plasticidad de las descripciones por lo que refiere a imágenes de la naturaleza. Disandro plantea que Lucrecio utiliza cuatro tipos de apreciaciones para aproximarse a ella; de una banda la impresionista con sus admirables pasajes que despiertan intensas emociones, como los últimos versos del libro IV; también la naturalista, la explicativa o la reconstructiva. Sobre este punto de vista de Disandro, véase: Alfonso José Martínez Ruiz, La concepción Fisiológica de la Naturaleza en la obra de Lucrecio. Véase Nota 139 y 140: http://openaccess.uoc.edu/webapps/o2/bitstream/10609/7624/1/amartinezrTFC2705.pdf.pdf (6) DISANDRO, C.A., ob. cit. Pág. 22, 33 y 41.
(7) Alberto Buela, Nimio de Anequín, entre el Ser y la Patria: Véase: http://www.pensamientonacional.com.ar/docs.php?idpg=buela/0088_de_anquin.html
(8) Véase la polémica y poco neutral página de Wilkipedia que armaron sus discípulos: http://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Alberto_Disandro
(9) Véase La Comunidad Organizada cuya redacción muchos le atribuyen a Astrada: http://www.62regionalrosario.com.ar/archivos/5077archivo.pdf
(10) La anécdota me fue contada por un Licenciado en Letras y experto en latín de la UNLP.
(11) Carlos A. Di Sandro, ‘La Hostería Volante’, N° 50. Véase http://perso.wanadoo.es/prensanacional/Conceptos%20Fundacionales.htm
(12) La Hora de los Pueblos: http://www.lucheyvuelve.com.ar/Peron%20Define/sinq.htm Puede verse un interesante análisis sobre el concepto de “conspiración” en el Peronismo, en el trabajo de Horacio González: Filosofía de la Conspiración. Marxistas, Peronistas y carbonarios. Bs. As. Colihue, 2004.
(13) Dice Luis Fernando Beraza sobre Disandro: “En su libro La conspiración sinárquica y el Estado argentino repite la vieja teoría conspirativa de los ’30 de los grupos nacionalistas, que sostenía que la mafia judía se quiere apoderar del mundo utilizando como instrumentos a los anglo-norteamericanos. Como el peronismo era un obstáculo para esa política, había que extirparlo a través de una fuerte represión o infiltración”. Para Disandro y sus seguidores, los sectores de la izquierda peronista “eran zurdos infiltrados que formaban parte de ese plan diabólico. Demasiado burdo, pero en aquella época efectiva para lanzar la andanada contra los zurdos que afectaban nuestro ‘ser nacional”.
(14) Sobre Martinez Zuviría y Los Protocolos de los sabios de Sión, véase Horacio Verbitsky, Cristo Vence, Tomo I De Roca a Perón. Edit Sudamericana, 2007. Pág. 116/117.
(15) Sobre las diferencias entre Disandro y el Lefebrismo, véase: http://www.statveritas.com.ar/Doctrina/Errores_del_Dr.Carlos_Alberto_Disandro(R.P.Jean_Dominique_Fabre,O.P.).pdf
(16) Véase: http://www.juliomeinvielle.org/libros/Iglesia%20y%20Mundo%20Moderno/Igl%20Mund%20Mod%20corr%20mar07_01.pdf
(17) Disandro va a seguir profundizando la idea de Sinarquía antes de morir, así en 1988 decía: "En cuanto a la concentración sinárquica - que es esencialmente una concentración de poderes- ella significa en pocas palabras la construcción progresiva de un gobierno mundial, que tenga no sólo auctoritas y potestas, sino sobre todo imperium. Ese gobierno así entrevisto dialécticamente, estaría integrado según H. Kissinger por tres estamentos: 1) cúpulas decisionistas - o sea las que tienen imperium en sentido estricto; 2) senado de las multinacionales, que comparte su potestas con las cúpulas; 3) pueblos, naciones o estados, con minúscula, que formarían la base, el territorio geopolítico que recepta los impulsos revolucionarios o las normas operativas, y a quienes se les otorga una franja de auctoritas, variable según cambiantes condiciones globales o estratégicas. El imperium decide; la potestas consolida el poder mundial organizado, articulado, potenciado en su organicidad tecnocrática; la auctoritas hace crecer el empeño de la esclavitud mundial en el territorio mostrenco de los pueblos sometidos (...)". (Cf. Carlos A. Disandro, Segunda Guerra de la Independencia y Tercera Guerra Mundial, La Plata, Ediciones Hostería Volante, 1988, pág. 60 ).
(18) La idea filosófica de Di Sandro sobre la poesía anti-marxiana y anti-materialista, está sintetizada en la disertación: Poesía Contra. Véase: http://perso.wanadoo.es/prensanacional/poesia_contra.htm
(19) Así Carlos Disandro: “Resonancias hyperbóreas” recuerda a las lecturas nietzscheanas que tergiversaran la hermana del filósofo; véase: http://es.metapedia.org/wiki/%22Resonancias_hyperb%C3%B3reas%22
(20) Sólo se conocen tres cartas en el que intercambian pareceres generales, y hay un encuentro entre ambos, en el que Disandro logra retratarse junto a Perón. Véase correspondencia supuestamente genuina, que en Internet ha sido publicada por sectores afines a Disandro: http://es.metapedia.org/wiki/Correspondencia_Per%C3%B3n_-_Disandro
(21) Así Eduardo Gurrucharri: Un militar entre obreros y guerrilleros, Bs As. Colihue. Pag. 160 a 163.
(22) María Disandro, hija del hermano de Carlos Disandro, estaba en pareja con Fernández Rivero, a quien el latinista ideólogo de a CNU, a su vez conocía de sus clases de literatura. Declaración de Mirta Clara: Juicio por la verdad, Audiencia 23/4/07
(23) Véase el texto completo en: El Humanismo Político del Justicialismo: http://www.lucheyvuelve.com.ar/vigencia/humanismojusticial.htm
(24) Los heraldos negros refieren al poema de Cesar Vallejos, con clara vinculación con el mal en la poesía (los reinos de la noche).
(25) Me refiero al fallecido Federico Pippo, ex CNU y profesor de letras de la UNLP, discípulo de Disandro, uno de los principales acusados del terrible asesinato de su esposa Oriel Brian, en City Bell, 1984.
(26) Quién es quién en la CNU de La Plata: Diario Miradas al Sur, 17/7/2011: http://sur.elargentino.com/notas/quien-es-quien-en-la-cnu-de-la-plata
(27) Los matones de la ultraderecha comienzan a pagar por sus crímenes. Miradas al Sur, 21/11/2010: http://sur.elargentino.com/notas/los-matones-de-ultraderecha-que-empiezan-pagar-por-sus-crimenes
(28) Diario El Dia, 8/8/75.
(29) Carl Schmitt, Interpretación Europea de Donoso Cortés, Editorial Struhart 2006
(30) Carlos A. Disandro, la geopolítica una ciencia humanística. Ediciones Independencia y Justicia. Córdoba, Argentina. 1980: Véase: http://es.metapedia.org/wiki/La_Geopol%C3%ADtica,_una_ciencia_human%C3%ADstica

lunes, 11 de julio de 2011

Juan Sasturain y La CABA no me cabe

La CABA no me cabe

La CABA no me gusta.

No me sabebien una sigla, que es nombre de empresa,

para la ciudad que fue la princesa,

la Reina del Plata: no es, ni le cabe.

Y aunque a nadie le parezca grave,

el cambio muestra la naturaleza

de un poder sin pudores ni torpeza

con metáfora empresaria en clave.

Buenos Aires, la ciudad que amamos,

ya no cree ni vota por sus sueños

y es por eso que estamos donde estamos.

Ni corresponde llamarnos porteños.

Esto eligen los cabenses o cabanos:

un negocio atendido por sus dueños.


Juan Sasturain, en Página/12 de hoy.

lunes, 4 de julio de 2011

El boxeador



(a León Rozitchner)

El retador de la Materia Oscura

golpea sobre la bolsa de la Costumbre,

cuerpo putrefacto, hábito

de un sentido común envilecido

por todos los dioses

del sometimiento humano.

Peso coagulado

por el hábito del poder

obstruyendo la creación de lo nuevo.

El púgil persevera con su doxa

y a través de su risa

convoca repentino el azar de la vida,

la vida misma pugna

ahora, prorrumpe victoriosa

al centro del polígono,

contradictoria y ávida,

cálida carne en desenvolvimiento,

dialéctica del alba.

Y nuestro agotado luchador

sonríe.

martes, 14 de junio de 2011

Irma Droz y aquí estamos



LOS QUE SIEMPRE ESTUVIMOS

Aquí estamos aún, los que siempre estuvimos,
volviendo del exilio de la idea y la palabra.
Aquí estamos aún, porque así lo quisimos.
El invierno ha pasado.
Hoy la savia reverdece.
Aún tiene sabor amargo...
Fuimos los muertos de pie y en carne viva,
testigos de la infamia, con los ojos vacíos
y nuestras manos huecas labrando la esperanza.
Con el frío en los huesos y el paso vacilante.
Con el llanto enmudecido
en algún rincón del alma,
y el miedo agazapado, como sombra a la espalda.
Pero aquí nos quedamos,
gastándonos los sueños
y sin otra fortuna que la de seguir estando,
porque el hogar, los hijos...
porque esta tierra nuestra,
porque el dolor, la Patria...
Porque aunque muertos y de pie,
seguíamos haciendo falta
como estandarte, para anunciar la vida;
como el mástil necesario para enarbolar la Patria.
El invierno ha pasado,
la savia reverdece,
en cada surco nuevo germina la esperanza
y de aquel sabor amargo que trepó a las gargantas,
hoy queda sólo un poco,
un poco ... , casi nada.



BANDERAS DE POESÍA

“...estas palabras suaves ásperas ayuntadas por mí
me van a costar la salvación.”
Juan Gelman



... Y te salvaste Juan.
Y nos salvaste ...

Fueron ellos, tus poemas.
Esa “manada de pedazos”
que en tu voz, respira todavía
y vibra en nuestra piel
cada vez que tus “palabras suaves ásperas”,
aceleran sus latidos.

Es “la memoria de la sombra”
que clama en tu palabra herida.
Y es una luz recuperada
tu voz, denunciadora
en nombre de otras voces
que ya no escucharemos,
porque amarraron su aliento;
porque apagaron sus días...

...Y seguirás salvándonos de largas noches,
iluminándonos con tu osadía,
como se salva al Hombre,
cuando se recupera la Justicia.
Como se salva la Esperanza,


enarbolando “Banderas de Poesía”.



Irma Droz
Santa María de Punilla
Córdoba - Argentina



Gracias Irma por colaborar con tus poemas.

viernes, 10 de junio de 2011

Asco


Con qué santo derecho

condenar a la víctima

del arrancado corazón,

desnuda desde sus muertos,

alzada en alma sobre sus muertos

en el violento no ser

ni estar en este mundo,

desgracia dada

desde un terror bendecido con lujuria

por señores de la guerra y de la ley.

Atropellado corazón, imán

de vida nueva, curtido

parche, golpeando desde entonces

todos los silencios,

todas las miserias,

del derecho torcido

y realmente existente,

con clara, violenta, purísima

imprecación,

con dolor concebida,

con mácula siniestra

terrestre y argentina.

Con qué divina

inmarcesible ley

ordenan a las víctimas

(en ancas siempre

sobre la yegua indómita

de la ausencia infinita)

abdicación y retirada,

inclemencia para su propio dolor,

si solo ofrecen

el júbilo oral y pestilente

de su propio lenguaje miserable,

la reiterada cantinela

de imbéciles de feria,

el gozo anal de acumular

banquetes de excrementos,

silencios y fortunas,

en el camastro del olvido.

Carlos Aprea