
¿CÓMO HACER PARA QUE LOS ROSTROS VUELVAN A APARECER?
a Enrique Schmukler
sacar
a los pueblos de los álbumes policiales
y
que vuelvan a ser millones de álbumes familiares
quien
fabrica su propia imagen
desborda
legajos
A
propósito de la nota que escribí hoy en Página/12, jueves, 12 de diciembre de
2013:
LOS FISCALES Y LOS ÁLBUMES
DE MALVIVIENTES
Hace
pocos días tuve oportunidad de acceder a la denuncia realizada por el diputado
nacional Leonardo Grosso contra un fiscal de la capital, presuntamente
involucrado en prácticas discriminatorias en las investigaciones penales que
lleva en el Barrio Mitre, en especial por la cuestionada utilización de álbumes
de fotos (mal) llamados “libros de malvivientes” contra personas seleccionadas
por el mero hecho de ser pobres y vivir en una zona vulnerable.
Más
precisamente, dice el diputado Grosso: “En su fiscalía tiene un álbum de fotos
de la gente del barrio (muchas de ésas desactualizadas), que cada vez que le
llega un hecho para investigar exhibe a los denunciantes para que identifiquen
a un autor del hecho del que fueron víctimas y, si no lo identifican, él o
cualquiera de sus empleados, que tienen la misma forma de trabajar, inducen a
la persona a que marque a alguno. Con esa indicación, que en general es
manipulada por el fiscal José María Campagnoli, y sin realizar ninguna
investigación ni la mínima constatación de los hechos o de la responsabilidad
de la persona, vienen y allanan las casas”.

Los
álbumes de fotos de presuntos peligrosos, además de violar derechos
constitucionales e introducir un criterio de selectividad discriminatorio,
resultan una herramienta de baja calidad probatoria, pues el margen de error
que generan es muy amplio y más que un modo orientativo se convierte en un
sesgo o placebo para las víctimas. Lo que quiero decir es que hay fiscales que
compran este tipo de recetas policiales, dejando la puerta abierta para el
“armado de las causas” a personas inocentes, sólo porque figuran en estos
álbumes de fotos.
Claro
que para algunos, en la guerra contra el delito todo vale, y los álbumes de
fotos con personas pobres dan imagen de “efectividad” a las autoridades y a la
población; permitiendo a la policía seguir reproduciendo consumo de estereotipo
e introducir en los expedientes recorridos que siempre llevan a los mismos
lugares, donde opera el derecho penal subterráneo cargado de los peores
prejuicios sociales (nunca un ladrón de guante blanco, nunca un blanco, nunca
un rubio).

El
margen de error al exhibir fotos de poblaciones reducidas y por criterio
clasista es muy amplio, la práctica tiene capacidad de sesgo y se presta al
armado de causas a inocentes, por lo que también sirve como forma de chantaje
policial (“si no robás para mí vas a estar en el álbum”). Por eso las técnicas
de identikit hablado, o el dibujo de rostro (técnica de Bertillón) son las más
confiables cuando existen “autores ignorados” de un delito. Echar mano a
álbumes de fotos extraídas en forma espuria a los pobres es una mala práctica
que habla de una fuerza policial desprofesionalizada y de fiscales prestos a
avalar el clasismo y la demagogia.
Como
dijo alguna vez Michel Foucault, “el saber es poder” y, aunque pasado de moda,
Lombroso sigue teniendo arraigo en muchos imaginarios de saber-poder
discriminatorios. En la era tecnológica y de Facebook, en la que los rostros
quedan encriptados como si nada, la Justicia no debería permitir el “todo
vale”, ni frente a las víctimas ni frente a los victimarios. Fiscales que
avalan este tipo de prácticas contra los sectores populares no sólo especulan y
delegan, sino que siguen aferrados a lo peor del pasado. Mejor que se vayan.
Julián Axat es Defensor juvenil de La Plata. Poeta.
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