martes, 5 de junio de 2018

LUIS FARINELLO El FMI, un ídolo que reclama sangre humana

Foto: Carlos Brigo



LA GOBLALIZACIÓN DE LA DESESPERANZA
(Fragmento)


La desesperación hace presa de muchos hombres. Muchos se acercan a la parroquia y me dicen:
-Padre, yo no quiero robar. Ayúdeme por favor, no tengo ni para la garrafa, hace frío, tengo un bebé.
¡Cuántos cientos de veces escucho esto! Gracias a Dios siempre hay almas generosas dispuestas a socorrer, a dar la mano. Siempre hay gente solidaria que comparte aún lo poco que tiene y juntos nos ayudamos a ayudar.

(…) Siempre hay una salida. (…)

Esto es lo que tenemos tener siempre presente, aún en medio de la desesperanza. Siempre hay salida. La vida es la vida y, valga la paradoja, hay que defenderla a muerte.

La desesperación es un sentimiento que se da con mayor facilidad entre las personas que conocieron otra manera de vivir. El pobre de la villa siempre pichuleó, sabe rebuscársela y sabe hasta ser feliz dentro de este sistema injusto. El caso típico de los que no se adaptan a circunstancias de pobreza que no conocían es el de un pequeño comerciante con su negocio en decadencia, fagocitado por los monstruosos hipermercados locales, que vendía muy poco y no le alcanzaba para pagar los gastos y además vivir. Para hacer frente a la situación decidió hipotecar su casa y con ese dinero reacondicionar el negocio y comprar más mercadería con la ilusión de mejorar sus ventas. Pero tampoco así vendía, la realidad es que no hay un mango en la calle y nadie compra nada, los que compran algo buscan el mejor precio que ofrecen los comercios masivos con los que él no puede competir, no pudo levantar la hipoteca y terminó perdiendo la casa.
 
En la desesperación más de uno echa mano a cualquier recurso. Me llaman para bendecir la casa, porque ven sombras en la pared, porque creen que el demonio entró, porque todo les sale mal. No reflexionan, se les cierra la mente. Como no tienen conciencia política de las decisiones que toma nuestro gobierno, no piensan en la influencia de los grandes grupos económicos, no se enteran que el FMI, un ídolo que reclama sangre humana, la de los pobres, pide más y más ajustes, terminan creyéndose víctimas de espíritus malignos. No los pueden corporizar en las macroestructura económicas que son en realidad quienes están determinando sus vidas.

Falta conciencia política, y más de una vez cuando intento hablar sobre el tema, no falta quien enojado me dice con cierto orgullo “yo no me meto en política, la política nunca me dio nada”. Y yo reflexiono por lo bajo “la política te sacó todo”.

Este sistema liberal ha minado la esperanza de nuestra gente. Pues, como muy acertadamente lo definió el subcomandante Marcos, “el liberalismo es la globalización de la desesperanza”. El capital se concentra en unas pocas manos y como dice el Papa, “los ricos son cada vez más ricos a costa de los pobres cada vez más pobres”.
 
(…) Vivimos en un sistema que se define como cristiano y que comete la atrocidad de matar de hambre a millones de hermanos para privilegiar a unos pocos elegidos. Que propone la salvación individual olvidando los sentimientos más nobles del hombre, el amor y la justicia. Recuerdo con emoción la oración de un maestro:

“Si yo falto al amor o si falto a la justicia,
me separo infaliblemente de ti, Dios mío.
Y mi culto no es más que la idolatría.
Para creer en ti, necesito creer en el amor
y en la justicia.
Y vale mucho más creer en estas cosas
que pronunciar tu nombre.
Fuera del amor y la justicia es imposible
que yo pueda encontrarte alguna vez.”

A esta oración maravillosa sólo quiero agregar una pequeña reflexión. Creer en el amor y la justicia significa trabajar para lograrlos. Esa es la propuesta, ése es el gran desafío que hoy tenemos que afrontar.


En La mesa vacía. Desocupación y Pobreza en la Argentina, Carlos Serrano Editor, Buenos Aires, 1996.
Padre Luis Farinello (Villa Domínico, 8 de febrero de 1937 - Quilmes, provincia de Buenos Aires, Argentina, 2 de junio de 2018).

No hay comentarios:

Publicar un comentario