HOY NO QUIERO
HABLAR POR LO QUE ESCRIBO
Éste es el
presidente demócrata y guerrero
Que desnudó la
espada en el verano
Y debió
desnudarla en el invierno.
León Felipe
(“Llamadme publicano” – México,1930)
Hoy no quiero
hablar por lo que escribo, por lo que digo ni aún por lo que hago.
Hoy pretendo
cierta distancia, un río que late en su torrentosa algarabía
para que sea
nada más que un señuelo que acaso cabalgue la noche y su silencio.
Ha muerto Hugo
Chávez y un rotundo murmullo se encandila en cada lágrima
en una marcha de
pasos que adolecen y se duelen en el repique de esos pies
que llegan
lejos, que vienen de pensamientos quejumbrosos en los cerros,
en las pequeñas
viviendas que estaban en sus manos de pan y de justicia.
Quién pudiera
decir todo lo que no alcanza a dibujar sobre palabras el espacio
donde el pueblo
reasume su soberanía de historia, de heridas cuando calla,
en una enorme
avenida que jamás comienza y no termina sino en un lamento
por el compañero
que está ahí, como un resplandor, un relámpago o un rayo,
en una canción
llanera o afroamericana, fantasmagorería donde bailan las palabras
jamás enunciadas
porque los pueblos se yerguen de una vez, dicen lo suyo,
hacen el destino
de todos, y se recogen para dejar paso a los vientos suramados.
Hugo Chavez nos
lleva con él y está aquí, a la hora de la mesa o de la marcha,
compartiendo una
idea que estalla en un sancochado de América del Sur
preparado cuando
nadie lo espera, al que aguardan millones en el abra deslucido
de su esperanza
que renace cada cien años, cada diez, y también cada día
con su cara de
África, su oscura tez que todo lo esclarece, con su corazón de Orinoco,
de Amazonas, de
Paraná, de Uruguay y del Plata, y resuena como un tambor
de palabras
yorubas, guaraníes, quichuas y tehuelches, mordidas en barro americano.
Conocí al
Comandante cierta mañana en las arenas del Congreso; trataba la historia,
la reescribía
con Manuel Ugarte, con Martí, con Perón, con Artigas, Bolívar y San Martín,
decía que la
historia es un relato vivo y que cada vez que convocamos a Sucre,
Sucre se repone
de su ostracismo, se revuelve en las piedras, viento sur y galope.
¿Será por eso
que vuelves y si vuelves, sobre la montura del tiempo con que atrapas
a los miserables
en un saco roto, vibras en la luminosombra de los años, en la sur pasión
por los pobres
para que no sean pobres sino ciudadanos que nos devuelvan tu nombre?
Hoy no quiero
hablar por lo que escribo, por lo que digo ni aún por lo que hago.
No quiero leer
poemas de oficina, escritos absurdos, presuntuosos
en estilo lírico
administrativo, o a biógrafos soberbios, que salen a medrar en despachos sin
fe,
pretendo que no
me anden con cuentos, que no me vengan con cuentos
ni los unos ni
los otros; el paso de los pueblos que a veces ruge, y a veces calla,
es una ronda a
gritos en la ilusión de un niño, un caballo de madera con risas
asistida por un
comandante que dice su verdad y a veces
canta por el sur
para que a la
vida la cuenten los que sufren, los que luchan y los que esperan.
Alejandro C.
Tarruella
Barracas al Sur,
10 de marzo de 2013
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