jueves, 31 de marzo de 2011

Los niños y los medios de comunicación, a propósito de Pakapaka, por Julián Axat

A propósito de Pakaka


El derecho de los Niños a la educación y al libre acceso a la Información que garantice ese derecho. Sobre el compromiso de los Estados a remover los obstáculos que produzcan discriminación comunicativa. Todo impedimento u obstáculo hacia los niños, a acceder a un medio de información amplio, público, gratuito como espacio audiovisual, violenta la Convención de los derechos del Niño, de rango Constitucional desde 1994 (art 75 inc.. 22). La afectación del principio de no discriminación a la infancia por su condición de tal, es primeramente contemplada por el art. 2.2, cuando establece: 2. Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas para garantizar que el niño se vea protegido contra toda forma de discriminación o castigo por causa de la condición, las actividades, las opiniones expresadas o las creencias de sus padres, o sus tutores o de sus familiares. La discriminación basada en cualquiera de los motivos que figuran en el artículo 2 de la Convención, bien sea de forma manifiesta o larvada, atenta contra la dignidad humana del niño y puede debilitar, e incluso destruir, su capacidad de beneficiarse de las oportunidades de la educación.[1]

Es decir, las personas adultas, los funcionarios del Estado, las empresas tienen el deber positivo de remover aquellos obstáculos que impidan el acceso a la información cuyos contenidos didácticos y de formación aseguran a la infancia el goce de otros derechos y bienes, según su interés superior: Art 3. 2. Los Estados Partes se comprometen a asegurar al niño la protección y el cuidado que sean necesarios para su bienestar, teniendo en cuenta los derechos y deberes de sus padres, tutores u otras personas responsables de él ante la ley y, con ese fin, tomarán todas las medidas legislativas y administrativas adecuadas. Art. 13 1.El niño tendrá derecho a la libertad de expresión; ese derecho incluirá la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de todo tipo, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o impresas, en forma artística o por cualquier otro medio elegido por el niño. Vinculando el principio de no discriminación del art 2 de la CDN y el art 13 recientemente citado, el Comité de Derechos del Niño de la ONU ha sostenido:



La obligación de respetar exige que los Estados Partes eviten las medidas que obstaculicen o impidan el disfrute del derecho a la educación. La obligación de proteger impone a los Estados Partes adoptar medidas que eviten que el derecho a la educación sea obstaculizado por terceros. La de dar cumplimiento (facilitar) exige que los Estados adopten medidas positivas que permitan a individuos y comunidades disfrutar del derecho a la educación y les presten asistencia. Por último, los Estados Partes tienen la obligación de dar cumplimiento (facilitar el) al derecho a la educación. Como norma general, los Estados Partes están obligados a dar cumplimiento a (facilitar) un derecho concreto del Pacto cada vez que un individuo o grupo no puede, por razones ajenas a su voluntad, poner en práctica el derecho por sí mismo con los recursos a su disposición. No obstante, el alcance de esta obligación está supeditado siempre al texto del Pacto[2]


En aquello que hace especialmente a los medios de Comunicación y al acceso universal de los niños a contenidos de calidad y que promuevan su bienestar, la CDN establece: Artículo 17 Los Estados Partes reconocen la importante función que desempeñan los medios de comunicación y velarán por que el niño tenga acceso a información y material procedentes de diversas fuentes nacionales e internacionales, en especial la información y el material que tengan por finalidad promover su bienestar social, espiritual y moral y su salud física y mental. Con tal objeto, los Estados Partes: a) Alentarán a los medios de comunicación a difundir información y materiales de interés social y cultural para el niño, de conformidad con el espíritu del artículo 29; b) Promoverán la cooperación internacional en la producción, el intercambio y la difusión de esa información y esos materiales procedentes de diversas fuentes culturales, nacionales e internacionales; c) Alentarán la producción y difusión de libros para niños; d) Alentarán a los medios de comunicación a que tengan particularmente en cuenta las necesidades lingüísticas del niño perteneciente a un grupo minoritario o que sea indígena; e) Promoverán la elaboración de directrices apropiadas para proteger al niño contra toda información y material perjudicial para su bienestar, teniendo en cuenta las disposiciones de los artículos 13 y 18.


La CDN establece que los niños tienen derecho a acceder a una información adecuada, ya que los Medios de Comunicación Social desempeñan un papel importante en la información destinada a los mismos, debiendo promover su bienestar moral, el conocimiento y la comprensión entre los pueblos y respetar la cultura del niño. Es obligación del Estado tomar las medidas de promoción a este respecto y proteger al niño contra toda información y material perjudicial para su bienestar. En cumplimiento de tal pauta el Comité de los Derechos del Niño de la ONU ha dictaminado que:


82. El cumplimiento del derecho del niño a la información de manera coherente con el artículo 17 es en gran medida una condición necesaria para la realización efectiva del derecho a expresar las opiniones. Los niños necesitan tener acceso a la información en formatos adaptados a su edad y capacidad respecto de todas las cuestiones que les interesan.


83. El Comité recuerda también a los Estados partes que los medios de comunicación constituyen un recurso importante tanto para fomentar la conciencia del derecho de los niños a expresar sus opiniones como para brindarles la oportunidad de expresar esas opiniones públicamente. Insta a que se dediquen más recursos en los distintos tipos de medios de comunicación para incluir a los niños en la preparación de programas y en la creación de oportunidades para que los propios niños desarrollen y dirijan iniciativas relativas a los medios de comunicación con respecto a sus derechos.[3]

En su 11º período de sesiones (octubre de 1996) el Comité de Derechos del Niño de la ONU decidió dedicar un día de debate general a la cuestión de "El niño y los medios de comunicación.[4] El Comité expresó la opinión de que, al igual que en el caso de los derechos humanos en general, la prensa y otros medios de comunicación tienen funciones esenciales que cumplir en la promoción y protección de los derechos fundamentales del niño y en la puesta en práctica de los principios y las normas de la Convención. El Comité también expresó que:

“... la opinión de que los medios de comunicación podían desempeñar un papel decisivo en la vigilancia de la realización de los derechos del niño e identificó áreas de trabajo sobre el tema: a) La participación de los niños en los medios; b) La protección de los niños de las influencias perjudiciales de los medios; c) Respeto por la dignidad, privacidad e intimidad de los niños en los medios... El Comité estima necesaria la participación de los niños en los medios de comunicación con carácter continuado, debiéndose exigirse a los Estados que adopten las medidas concretas para alentar a los medios de comunicación social a difundir información y material de interés social y cultural para el niño de conformidad con el espíritu del artículo 29 de la Convención, tal como se pedía en el apartado a) del artículo 17...” El artículo 29 de la CIDN, establece que:

“... la educación del niño deberá estar encaminada a: a) Desarrollar la personalidad, las aptitudes y la capacidad mental y física del niño hasta el máximo de sus posibilidades; b) Inculcar al niño el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales y de los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas; c) Inculcar al niño el respeto de sus padres, de su propia identidad cultural, de su idioma y sus valores, de los valores nacionales del país en que vive, del país de que sea originario y de las civilizaciones distintas de la suya; d) Preparar al niño para asumir una vida responsable en una sociedad libre, con espíritu de comprensión, paz, tolerancia, igualdad de los sexos y amistad entre todos los pueblos, grupos étnicos, nacionales y religiosos y personas de origen indígena; e) Inculcar al niño el respeto del medio ambiente natural.

Vinculando el art 17 y el 28 de la CDN, el Comité consideró esencial la clara identificación de las influencias perjudiciales en los medios de comunicación, así como la necesidad de despertar, mediante la escuela y otros centros, la conciencia de los niños sobre la manera de abordar las cuestiones relacionadas con los medios de comunicación. Para ello recomendó promover programas de educación sobre la forma de relacionarse de manera crítica y constructiva con los medios de comunicación. También estimó que debía lograrse un mejor equilibrio en los Medios de Comunicación entre la preocupación por la protección y el reflejo exacto del mundo real; se subrayó que debían abarcarse tanto los aspectos positivos como los negativos de las noticias.[1] Se hizo referencia a la necesidad de proteger y preservar la diversidad cultural y evitar los estereotipos culturales. Sin perjuicio que estos derechos son directamente operativos para todos los argentinos,[5] y no requieren reglamentación alguna (bastaría citar el art 19 de la CADH y el 43 de la CN, para que cualquier ciudadano peticione en función de reestablecer estos derechos), la nueva ley de servicios de comunicación audiovisual nº 26.522, en su art. 68 establece el siguiente estándar: “… Protección de la niñez y contenidos dedicados… La reglamentación determinará la existencia de una cantidad mínima de horas de producción y transmisión de material audiovisual específico para niños y niñas en todos los canales de televisión abierta, cuyo origen sea como mínimo el cincuenta por ciento (50%) de producción nacional y establecerá las condiciones para la inserción de una advertencia explícita previa cuando por necesidad de brindar información a la audiencia (noticieros /flashes) pueden vulnerarse los principios de protección al menor en horarios no reservados para un público adulto.[3]


Tanto el presente artículo como los objetivos educacionales previstos tienen en cuenta la “Convención sobre los Derechos del Niño” en su artículo 17 la importante función que desempeñan los medios de comunicación y obliga a los Estados a velar porque el niño tenga acceso a información y material, sin restricciones de ningún tipo, procedente de diversas fuentes nacionales e internacionales, en especial la información y el material que tengan por finalidad promover su bienestar social, espiritual y moral y su salud física y mental.

En conclusión, los medios de comunicación tienen un efecto amplio en la forma de ver el mundo y por lo tanto se encuentran en posición privilegiada para garantizar actitudes con respecto a los derechos de la infancia. Los medios de comunicación se encuentran en posición privilegiada para generar debates sobre los derechos de la infancia y ofrecer a los niños y niñas un instrumento donde expresar sus opiniones y receptar aspectos de calidad que promuevan su bienestar y crecimiento. La CDN se dirige directamente a esos Medios de Comunicación exigiéndoles a los gobiernos que alienten –y también obliguen haciendo uso del poder de policía estatal- "medios de comunicación que difundan información y materiales de interés social y cultural para el niño en crecimiento". El Estado tiene el deber y el compromiso internacional de remover aquellos obstáculos que impongan los medios de comunicación privados, que limiten el acceso universal a los derechos de la infancia.



Julián Axat.

Defensor Penal Juvenil de La Plata, capital de la Pcia de Buenos Aires.

...
1 Observación N° 1 de la ONU- Propósitos de la Educación. 17/04/2001 CRC/GC/2001/1. General Comments 2 Comité de Derechos del Niño de la ONU. Observación general Nº 13: El derecho a la educación (artículo 13). Pto. 47 3 Observación n° 12, COMITÉ DE LOS DERECHOS DEL NIÑO, 51º período de sesiones, Ginebra, 25 de mayo a 12 de junio de 2009. En: http://www.cimacnoticias.com/especiales/amndi/instrumentos_inter/observaciongral12.pdf 4 Véase: http://www.sadop.net/notas/4491-4a1d915af2611.pdf 5 Los medios de comunicación tienen la responsabilidad de proteger a los niños y niñas evitando estereotipos sobre la infancia y la presentación de historias sensacionalistas. Comité de los Derechos del Niño de la ONU - "El niño y los medios de comunicación”, 1996. Al respecto puede comprobarse el trato que medios como Clarin realizan sobre niños en conflicto con la ley penal: http://www.diariosobrediarios.com.ar/eldsd/zonadura/2007/agosto/9-8-2007.htm 5 "... a los tratados internacionales –mucho más cuando, como es el caso de la Convención sobre Derechos del Niño, tienen jerarquía constitucional– hay que adjudicarles lo que se da en denominar "fuerza normativa". Quiere decir que son normas jurídicas, que tienen aplicabilidad directa y que, para que esa fuerza normativa desemboque en la eficacia de la dimensión sociológica del mundo jurídico, es menester que cuenten con un mecanismo garantista. Siendo así, reaparece el sistema judicial de control para descalificar las transgresiones, para esperar las omisiones en el cumplimiento (que también son transgresoras e inconstitucionales), para desarrollar la interpretación, etcétera"... “La Convención Internacional sobre los Derechos del Niño reclama a los abogados y a los jueces un complicado trabajo jurídico a fin de hacer efectivos los derechos por ella reconocidos a los más chicos y en muchos casos, a los más vulnerables entre nosotros. Esta tarea es ciertamente compleja pero urgente en la medida en que el legislador no dé cumplimiento a la obligación de adecuar la legislación al instrumento internacional” (Mary Beloff, La aplicación de los Tratados sobre derechos humanos por los tribunales locales; Edit. Del Puerto- CELS, Comp. a cargo Martín Abregú-Christian Courtis; Pag. 623 a 625).-

jueves, 24 de marzo de 2011

"¿Te considerás incluido en el movimiento peronista?", le preguntó el periodista de Primera Plana a Rodolfo Walsh

SER PERONISTA

Por Claudio Gómez

Te considerás incluido en el movimiento peronista?", le preguntó el periodista de Primera Plana a Rodolfo Walsh.
- Si se admite que la antinomia básica del régimen, antiperonismo-peronismo, traduce la contradicción principal del sistema, opresores-oprimidos, yo no me voy a anotar en el bando de los opresores ni de los neutrales.
Aunque todavía persistan y con razón distintas voces que analizan la controvertida relación de la generación de los años 70 en general y de Rodolfo Walsh en particular, con relación al peronismo, es justo decir que el escritor dejó en claro lo que para él significaba "ser peronista".En la propuesta política de autoidentificarse antes que nada como "un movimiento", el peronismo aglutinó en sus más íntimas entrañas todo tipo de especímenes políticos: se extendió desde la derecha conservadora hasta la izquierda utópica y todos y cada uno de ellos se arrogó para sí el "ser peronista".
Hoy, en pleno siglo XXI y a meses de las elecciones de octubre en las que se elegirá un nuevo presidente, la cuestión vuelve a revelarse complicada de explicar, ya que en el mismo sitial se ubican, para seducir a la opinión pública, mujeres y hombres de la derecha y de la izquierda, los que defienden la intervención del Estado en la economía y los que prefieren el libre mercado. Todos los matices posibles entre esos dos ángulos opuestos pueden o se creen con derecho de incluirse (cuando los vientos soplan a favor, claro está) en la membresía de "ser peronista".Con motivo de los pasados comicios de Chubut (donde, dicho sea de paso, los votos se están contando de nuevo y ya se detectaron alrededor de un millar de votos adulterados en favor del candidato dasnevista), no pocos comentaristas y opinadores de la contienda electoral hablaron del fin del bipartidismo. No sólo para referir la casi inexistencia de la Unión Cívica Radical en la disputa electoral (en esa, todavía falta muchísimo para arriesgar semejante análisis) sino para apuntar que, en definitiva, la lucha por los votos se había dado entre dos fracciones del peronismo.Ése es un análisis del todo falso, o por lo menos lo es la conclusión, aunque los nombres de los partidos desmientan superficialmente esta afirmación.
El Peronismo Federal, que puede llamarse como quiera, es el contendiente del Frente para la Victoria que, como se sabe es también el partido de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Por lo tanto, en carácter de opositor, no acompaña el proyecto nacional y popular que impulsa la mandataria y que, por reflejo de apoyo, la gente vota o no vota. Lo que es innegable es que Cristina representa al "ser peronista" de esta época, en tanto las determinaciones que toma tienen como horizonte la justicia social, la independencia económica y la soberanía política.
El otro proyecto del "peronismo opositor" es el de la "oposición", de manera que si no acompaña a Cristina como referente no está de acuerdo, ergo, está en la vereda de enfrente.
Es cierto decir que es imposible saber qué diría el General ahora, en estos tiempos regionales, pero seguro que no se iba a "anotar en el bando de los opresores ni de los neutrales" y mucho menos en las filas del "gorilismo".
El asunto es respetar las reglas de juego, porque hay personajes que pueden enrolarse en el nombre de fantasía que quieran, pero los argentinos leen más allá de los membretes.

lunes, 21 de marzo de 2011

Templanza, por Carlos Aprea

Un detalle muy presente en los actores con poca o nula experiencia escénica suele ser la sobreactuación, y digo detalle y no defecto ya que, en numerosas ocasiones, su sobreabundancia termina por definir un estilo, aún cuando ese estilo, como sucede también en la literatura, este cargado de respuestas esquemáticas y retóricas previsibles. Porque en todo caso, al igual que sucede con espadas y cuchillos, solo un buen temple garantiza el desempeño correcto de su finalidad. Y el temple no es una mera cuestión de atravesar los fuegos y calores adecuados. No es, tampoco, un lógico destilado de la experiencia sino más bien la puesta en oficio de una virtud: la templanza.

Claro esta que, para quienes venimos escaldados de antiguas experiencias con iglesias estrechas, la mención a una virtud cardinal suele esparcir en nuestros pobres cerebros, humos de sacristía que producen espanto. Pero, no más superado el prejuicio y comprobado que aún gente realista y ajena a los dogmas, como Norberto Bobbio, ha reflexionado sobre dicha virtud (ver Elogio de la templanza), conviene ir liviano de temores al centro de nuestra propuesta.

Para quienes observamos con entusiasmo más o menos militante el actual proceso social y saboreamos con deleite el renacido interés por la política (que nos remite a otras gozosas épocas), no ha dejado de preocuparnos una aparente paradoja que viene presentándose con creciente frecuencia: en un presente con notables consensos para el actual gobierno, hechos y situaciones que, a nuestro juicio, deberían ser justipreciados en función del interés del conjunto social, de las grandes mayorías nacionales, y en virtud de ello, merecer una cauta y sosegada reflexión, pasan a ocupar, para nuestro asombro, el centro de un imaginario ringside, en un Luna Park donde, dichas mayorías, no solo no han solicitado entrada, sino también desconocen su exacta ubicación y su precio, porque no es ese el centro de sus preocupaciones. Nos referimos tanto a la polémica por la presentación de Vargas Llosa en la Feria del Libro, como a la más reciente puesta en escena de una nueva condena mediática: el caso de Hugo Moyano y los vaivenes de una operación claramente destinada a dividir y golpear al actual gobierno y limar su chance electoral, más allá del color o la limpieza exacta de la conciencia del actual jefe de la CGT, que no es el motivo real de este embate.

Es que no hace falta ser más que un lector apenas avisado para advertir que esto es solo un capítulo más del despliegue de poder comunicacional de quienes, detentando una posición dominante en el espacio audiovisual (construida por décadas, al calor de todo tipo de transacciones bajo cuerda y con la complicidad de todo el arco político argentino y todos los gobiernos de facto) poder que consideran en jaque desde la aprobación de la nueva Ley de Medios, se esfuerzan día a día para horadar toda credibilidad y entorpecer al gobierno nacional. Las revelaciones que han ido apareciendo sobre el armado de la operación mediática, no dejan dudas al respecto y, más allá de nuevos detalles por venir, esta claro también que la batalla no se detendrá, por lo menos hasta el resultado de las próximas elecciones, donde entre otras muchas cosas, se juega, precisamente, el destino de esta importantísima Ley. Ante la ausencia de una oposición que este a la altura de las circunstancias históricas (y a la altura de la riqueza semántica y política de Cristina Fernández de Kirchner) esta es, a nuestro entender, la principal batalla política que enfrenta el actual gobierno.

Es bajo este razonamiento y en virtud quizá, de ciertas enseñanzas de un pasado tan jacobino como solitario, es que apelamos a repensar a la templanza como virtud a revisar en estos días. Templanza para no caer en la trampa del propio incendio, por una pasión azuzada hasta la violencia por quienes solo quieren agotar nuestro combustible y desmoralizarnos. Templanza más como constancia en la lucha, con el ritmo y la reflexión adecuados, que como mera moderación. Templanza activa y alerta en las charlas y acciones compartidas y en el sentido de la parábola de Antonio Machado:

“Sabe esperar, aguarda que la marea fluya
—así en la costa un barco— sin que al partir te inquiete.
Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya;(...)”.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Américo Cristófalo, la polémica por el escribidor

VARGAS LLOSA, EL SUEÑO DEL CELTA

La ciudad no hablaba de otra cosa.”
La polémica de estos días acerca de Vargas Llosa –la invitación que le concede la Fundación El Libro para abrir la Feria de Buenos Aires, y las dos cartas de Horacio González– puso en escena una serie de supuestos acerca de lo que es posible decir, qué actores y en calidad de qué lo dicen, cuándo decirlo, y la oportunidad política de hacerlo. Supuestos de compleja elucidación y que merecen alguna mesura mayor, pronunciamientos más serenos, un lenguaje más sutil para el tratamiento de las categorías en disputa: censura, libre expresión, literatura y política, etc. Pero hay dos presunciones que han tomado la apariencia de verdades universales. La primera se refiere al carácter “indiscutido” de Vargas Llosa en cuanto escritor, independientemente de sus opiniones; se lo ha llamado “gran maestro” de la novela, se invoca el consenso del Premio Nobel, se habla de su “inmensa erudición”, se juzga eminente su obra... en fin, se pone a Vargas en la cima de la literatura contemporánea en lengua española. La segunda presunción establece que las instituciones públicas no deben ni pueden pronunciarse acerca de lo que en el terreno del libro hacen o deshacen las fundaciones privadas, el mercado y la industria cultural; se considera peligroso y aun aberrante que una institución del Estado abra y promueva un debate en este sentido, se recurre al típico prejuicio liberal, por otra parte propio de propagandistas y agentes como el Nobel implicado, que de entrada cierra toda alternativa de discusión alrededor de un sector simbólicamente sensible de la producción y las prácticas culturales, y se estima que el Estado no tiene nada que hacer ni decir acerca de ellas.

Por razones que no sería pertinente delimitar aquí, algo –llamémoslo provisoriamente deseo– comprende la distinción entre novela estándar y novela, probablemente porque la novela moderna buscó desde siempre la negación de la novela. Esta cualidad negativa fue uno de sus rasgos fuertes hasta aproximadamente la década del ‘80. Hablo de la potencia que dio lugar a Ulises, a Molloy, a las sagas faulknerianas, por citar momentos clásicos, o entre nosotros novelas como, Cuerpo a cuerpo, de David Viñas o El amhor, los orsinis y la muerte, de Néstor Sánchez, o La experiencia de la vida, de Leónidas Lamborghini. El debate hasta aquí viene excluyendo con todo cuidado lo que se revela en la política de las formas. Se define al ex candidato como escritor de derecha porque opina y propaga argumentos tópicos de la derecha política. A mi modo de ver, Vargas es un escritor de derecha porque ha sabido interpretar y cumplir con evidente docilidad, libre sometimiento y sentido de ocasión, el giro general que a partir de los años ’80 se recomendó aplicar y se recomienda seguir aplicando desde los grandes consorcios editoriales. Pasado el suspiro verde-continental del boom, para superar 20 mil ejemplares había que acomodarse al conjunto de normas de la industria editorial, tardíamente alcanzada por conocidos y quizás inevitables movimientos de concentración, bancarización y virtualización financiera, movimientos que dieron paso a la moneda universal única de la novela, el mismo relato escrito una y otra vez en Tokio, Londres, Buenos Aires o Lima, con variantes de ingenio, mayor o menor competencia técnica y en lenguas llamadas neutras. Un lenguaje de novela que no tenía el alcance que llegó ahora a tener cuando Barral era todavía el señor Carlos Barral, y Gallimard el señor Gastón Gallimard, y los dueños del negocio no eran fondos de inversión que apresuran resultados a Prisa. Es al menos ingenuo pensar que los grandes procesos de monopolización editorial se limitaron a cambiar la forma y fachada del negocio. Tuvieron y tienen una incidencia no del todo entendida, asumida irracional o deliberadamente, sobre las elecciones formales, los procedimientos técnicos y la ideología literaria. El malentendido es fenomenal. Vargas es un escritor de la derecha porque opina lo que opina y porque en correlato habla plácidamente la lengua mitológica, oscura y redundante de las fórmulas salvajes que impuso la industria cultural. Escrituras como las de Viñas o Lamborghini (ver Tartabul, 2006; ver Trento, 2003) persistieron en cambio y a través de la novela sobre tonos dramáticos, satíricos y desmitificadores de la cultura. No está de más agregar al debate que Vargas, su premiado trabajo de novelista, responde al llamado celestial del mercado y que ese llamado es un mandato acerca del buen hacer narrativo: claridad y sucesividad de trama, personajes consistentes, equilibrio, intriga, peripecias ocurrentes, enciclopedismo histórico, psicología, destreza de voces, etc. El conjunto de apreciaciones que domina la correcta literatura con agregados de color existencial, altisonancias culturales, alardes profundos, aburrimiento insípido, frases solemnes y empalagosas. Cartón lleno.

Por la vía de las comparaciones y semejanzas se escucha insistentemente en estos días, y como réplica a la discreta sugerencia de Horacio González, llevada al paroxismo de la sordera y la deformación: “¿Y qué hubieras hecho si la inauguración de la Feria se la daban a Borges?”. Refiero la ligera comparación “ideológica” entre Borges y Vargas, definidos según se dice por una común costumbre conservadora. Dicho muy rápidamente, Borges permaneció en la lengua Borges, permaneció irónicamente exterior a la lengua del espectáculo. Habló una lengua acriollada, una lengua reminiscente, que se estimó elegante en la elusión o la cita estereotipada de tonos plebeyos, una lengua que se presentó según linajes argentinos, una lengua escrita sobre una superficie muy delgada, que quiso arrogarse una vaga hazaña incorpórea. Esa lengua tan reconocible y problemática para lectores argentinos, objeto discutible para el oído puesto en otros lenguajes argentinos, no está sin embargo arraigada en la difusión contemporánea de las reglas y ritmos de la industria editorial. Vargas Llosa, según esta somera hipótesis, se movió en el sentido de la nueva derecha cultural, se inclinó a su lengua, la propagó tanto en su catálogo de opiniones como en su obra de narrador. Y para un lector atentísimo a los matices, a las implicancias políticas de la lengua y las paradojas borgeanas como Horacio González, imagino, o mejor, tengo la certeza de que esta comparación debe resonarle como uno más de los muchos absurdos que inesperadamente se pusieron en marcha esta semana.

El segundo supuesto, la idea de que las instituciones públicas no deben opinar, ni ejercer ninguna tarea crítica respecto de las iniciativas privadas, define un tejido político, una ciudad –mal que le pese al seudoliberalismo contemporáneo– muy escasamente republicana. El estado de derecho no se define sólo por el monopolio de la fuerza, por la sujeción a la ley o el cumplimiento de las obligaciones y garantías civiles; es también, como se sabe, un dispositivo de mediación en la conflictividad social. La industria de la cultura no es un bloque homogéneo, está compuesta por una multiplicidad de actores e intereses enfrentados. Y la Feria del Libro es un objeto cultural de la misma naturaleza que los medios de comunicación. Un objeto de masas. Uno o dos grupos de empresas editoriales, empresas de composición financiera de capital, empresas que controlan y obtienen los mejores precios de insumos, capaces de grandes programas de marketing, empresas asociadas a gigantescas cadenas de distribución nacional e internacional, empresas que representan el 5 por ciento de las casas de edición que funcionan en el país y que dominan cerca del 80 por ciento del mercado, esas empresas que convierten a Majul en escritor y lo llevan a altísimos niveles de venta, esas empresas, de las que el conferencista Vargas es socio y amigo, las mismas que rigen pautas y consensos formales acerca de lo que debe ser una novela, son las que lo proponen y promueven junto con oscuras asociaciones y fundaciones emparentadas con la escuela de Chicago y con los amigos hollywoodenses del rifle. ¿Por qué no habrían de expresarse acerca de esta realidad las instituciones públicas, universidades, bibliotecas, secretarías y subsecretarías que están en relación con la vida cultural? ¿Por qué no habrían de expresarse críticamente los intelectuales argentinos o aun las empresas, los escritores y artistas que padecen las brutales asimetrías del sector?

Cristina Fernández interpretó con toda eficacia el tenor del debate, y desde su investidura puso sin ningún género de duda que en ningún caso se trata de impedir al señor Vargas (a pesar de sus conocidos desvaríos acerca del carácter del gobierno argentino, de los argentinos y del clima en el que estamos) que nos deleite e instruya con su conferencia inaugural. Entiendo sin embargo que este no fue un modo de clausurar el debate, sino más bien un modo de inspirarlo y extenderlo. Si este episodio quedara en la mera anécdota –como escuchamos decir sistemáticamente en los medios de comunicación y por boca del propio Vargas– de que un “pequeño grupo” de intelectuales “vetó” su palabra sacerdotal, se habría empobrecido y disuelto el interés real que representa y que apunta a una reflexión seria a propósito del estado de la cultura, de sus industrias y de las políticas culturales. ¿No es este momento argentino un momento propicio para dar con intensidad los debates que, comparables con las discusiones sobre ley de medios, pongan foco sobre cuestiones de primer orden como la democratización de la palabra, el libro, la educación literaria, los usos de la lengua?

Dos palabras más acerca del furor comparativo que se ha despertado. Abel Posse, por ejemplo, argumenta en televisión en el sentido de que los dichos “provocadores” de un escritor no deben alarmar, y que la provocación de Vargas es comparable a las de Flaubert o Baudelaire. Si la comparación con Borges no resiste discusión, esta otra resulta una enormidad disparatada. Flaubert o Baudelaire, dos casos bien conocidos de desprecio de la moral dominante, señor Posse. Usted y muchos, aunque difieran de usted, no entienden que Vargas está rendido al discurso difuso o uniforme de la mercancía espectacular; acoto que no es alarma lo que ocasiona, sino más bien, y en el terreno de las emociones primarias, otra que educadamente declino nombrar. Son frágiles y huidizas las acciones, pero diremos que el teatro de Vargas presenta al profesional correcto, en su círculo acumulativo, en su régimen de conservación, que nada tiene eso que ver con las distancias flaubertianas, con la invención idiomática de Borges, con el derroche baudelairiano. Ni tampoco con el riesgo de escritor que ha asumido Horacio González, del mismo modo: en sus declaraciones públicas como en sus libros y artículos, como en su extraordinario trabajo al frente de la Biblioteca Nacional. La literatura se hace siempre con la vida, señor Posse. Diremos algunas obviedades más para terminar: que la prohibición legal que pesó sobre Las Flores del Mal se levantó en Francia casi un siglo después de su primera y condenada edición. Que ese libro cambió el destino de la lengua poética, que Bouvard y Pécuchet desafió la metafísica tradicional de la novela, y que los libros de Vargas, pienso, no han ido más allá de las formas convencionales de la literatura moderna.
En Página/12 de hoy, miércoles 9 de marzo de 2011.
Américo Cristófalo. Director de la carrera de Letras, UBA.

Pablo Castillo y bienvenidos los Vargas Llosa

BIENVENIDOS, LOS VARGAS LLOSA

La relación entre literatura y política, o intelectuales y política, siempre transitó por caminos sinuosos. Moreno, Lugones, Marechal, Borges, Walsh o el propio Horacio González pueden dar cuenta en el terreno local de las tensiones que se presentan entre sus producciones como escritores, sus posiciones como sujetos y los contextos desde los cuales hablan y son hablados.
En los últimos días, la invitación al Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, para que dé el discurso inaugural de una nueva edición de la Feria del Libro, y la posterior carta del director de la Biblioteca Nacional solicitándoles a las autoridades de ese evento que revieran la posibilidad de que el autor de La ciudad y los perros funcione como anfitrión y editorialista de la muestra suscitó una serie de discusiones y controversias. Malentendidos solamente disipados –al menos parcialmente– por la oportuna intervención de la Presidenta de la Nación comunicándose con el propio González para que retirara su carta con ese pedido inconveniente, cosa que éste hizo dignamente y con un encomiable sentido colectivo de pertenencia.

Que Vargas Llosa –un referente de la derecha más rancia del continente– utilizará sus títulos literarios y su reciente Premio Nobel para pronunciar seguramente un discurso contrario a los intereses populares, es lo más probable.

Que la Feria del Libro, más allá de las grandes corporaciones editoriales que la patrocinan, es un lugar entrañable para muchos que pasamos los cuarenta es también válido; quizá, por eso mismo, imaginar la escena de inauguración de esta feria 2011 de esta forma duela más de lo necesario, es igualmente cierto.

Pero debemos entender que esta vez –quizás una de las pocas veces– la herramienta que utiliza el neoconservadurismo para expresar su posición es legítima. ¿Cuántas veces García Márquez, amparado en pergaminos similares aprovechó foros ajenos para criticar el bloqueo norteamericano a Cuba o defender alguna justa causa latinoamericana?

Que los propósitos sean mejores en esta discusión es casi una anécdota. Tampoco alcanza con el argumento de las críticas sobre la historia y los intereses que se esconden y se mueven detrás del Nobel cuando hace apenas unos meses deseábamos genuina y militantemente que el de la Paz del año pasado se lo otorgaran a la querida Estela.

La intervención de la Presidenta reproducida –incluso con elogios algunos tan interesados como inesperados– por los periodistas de los grandes medios pareció dejar fuera de juego la interpretación propia de los acontecimientos. La celebración de Marcelo Longobardi a Cristina se oía “raro” hacía ruido.

Sin embargo, las palabras de la jefa de Estado sonaban contundentes, interpelaban a la militancia política, social y cultural desde otro lugar del que la decodificaban los formadores de opinión hegemónicos. Y a pesar de eso, no lográbamos darle la dimensión adecuada a sus conceptos.
Aquellos que militamos la nueva Ley de Servicios Audiovisuales, debemos reconocer que las mayores dificultades que tenía (y tiene) esa pelea consiste en desarmar la naturalización de cierta escena montada por la prensa dominante, que combina en un único acto: empresas periodísticas supuestamente asépticas con periodismo supuestamente independiente enfrentando la voracidad de la mirada y la intervención estatista.

Con Vargas Llosa la situación es completamente distinta. Sale a defender los intereses de un capitalismo anacrónico, con miradas binarias y superficiales lejos de entender los distintos niveles de complejidad que tiene el proceso latinoamericano actual. Confronta abiertamente. Es un militante de la reacción.

Bienvenidos, los Vargas Llosa. Que la derecha vernácula tenga que organizar su discurso mediático opositor alrededor del episodio Feria del Libro 2011 habla de su debilidad política y cultural. No de su fortaleza.

Que la historia de Elvira-Mamaé de la señorita de Tacna o la leyenda del irlandés Roger Casement en El sueño del celta, criaturas apasionantes y en algún punto transgresoras, merecieran otro comportamiento de su padre en la vida real, eso es, decididamente, parte de otro capítulo.

En Página/12 de hoy, miércoles 9 de marzo de 2011.

Pablo Castillo. Psicólogo y Magister en Comunicación (UNLP).

domingo, 6 de marzo de 2011

Fernando Alfón, la lengua mítica del Marqués de Vargas Llosa



LA LENGUA MÍTICA DEL MARQUÉS DE VARGAS LLOSA

Muchos aún no salen de la perplejidad que los asalta en forma de pregunta: ¿cómo un hombre capaz de escribir Conversación en la catedral puede tener pensamientos políticos tan rudimentarios? No es una perplejidad nueva, y brota de la aparente distancia entre la complejidad esgrimida en la ficción versus la abrumadora simpleza argumentada en la vida real. No ver el vínculo, sin embargo, entre lo complejo y lo simple, a menudo genera la indignación que a muchos les suscita hoy el caso Vargas Llosa.

Planteada en términos de perplejidad, la pregunta adquiere un cariz enigmático y confina a la literatura al ámbito del misterio, uno de cuyos pasadizos sería permitir riquezas intelectuales que sólo son posibles en la ficción. No es, sin embargo, el caso del escritor peruano. Cada vez que Vargas Llosa arguye que el mundo se encuentra dividido en civilizados y bárbaros, no hay duda que se opera una simplificación, pero habría que agregar: para nada simple. Se trata de una operación propia del lenguaje del mito, tendiente a convertir lo complejo en sencillo, lo diverso en una confrontación bipolar. Es reducción, pero deliberada y de enorme poder pedagógico. Es una especie de habla política con vocación de ser inmediatamente comprendida. Conlleva la fuerza de aquello que puede ser visto de un golpe. Es un habla, de algún modo, de la fuerza y la interpelación.

Hay quieres aún creen que se trata del lenguaje típico de la derecha, conque antaño el fascismo articuló sus consignas, sus proclamas y sus símbolos. Pero se trata, más bien, de una herramienta, a disposición de quien la necesite. Cuando se enuncia que existe un pensamiento de izquierda y otro de derecha también se está operando una reducción. Hay tantas corrientes de pensamientos como pensadores, pero al resumirlas todas en dos, logramos ver algo que en la diversidad no vemos. Al ver, luego, podemos tomar una posición, que al fin y al cabo para eso sirve el habla mítica: para tomar posición; para no ver, en el momento urgente de la acción, la complejidad que nos conduciría a la dubitación. En el resumen vemos lo diverso compactado de tal modo que nos impacta. No es el habla de los escritores, es el habla del político. He aquí el punto, el Marqués de Vargas Llosa —no soslayemos el reciente título otorgado por el Rey— nos habla como político, ¿debemos responderle como si fuera un literato?

No es sencillo el procedimiento que hace Vargas Llosa; se precisa un dominio vasto de lo político para reducirlo a la mínima expresión: civilización o barbarie. ¿Acaso no fue la dicotomía que empleó Sarmiento, hombre de lecturas políticas complejas si los había? Pocos libros tan abismales como el Facundo para pensar la política argentina; no obstante Sarmiento vio lo conveniente de que se grabara una imagen bipolar: ¿lo hizo de rupestre que era? No seamos rupestres en la respuesta.

Ahora bien ¿cómo se discute con alguien que nos propone una lengua mítica, de deliberadas y conspicuas simplificaciones? No ignoro la dificultad, más aun cuando ese alguien viene representando las instituciones imperiales de la lengua española, las corporaciones petroleras del libro y la difusión mundial de una ideología bancaria. Imagino que una posibilidad —y una respuesta— es restituir al lenguaje político del Marqués su naturaleza compleja, devolviéndole los pliegues que se le han quitado para convertirlo en lenguaje mítico. Vargas Losa nos invita a reaccionar contra lo que el llama la barbarie populista; recibámoslo con lucidez, con bisecciones, enseñémosle —a la manera de Mansilla— lo bárbaro que supura en su civilización, y la urbanidad que campea en nuestras tolderías.


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viernes, 4 de marzo de 2011

Roberto “Tito” Cossa, acerca de Vargas Llosa

Vargas Llosa inaugurará la Feria del Libro, el día 21 de abril próximo. De eso no cabe duda. Es probable que quien hable en la Feria sea el escritor y no el político, mucho más después del tole-tole que produjo la reacción visceral del maestro Horacio González. Y, especialmente, de la intervención de la Presidenta. No nos olvidemos de que Vargas Llosa, además de escritor y político, es un hombre de negocios. Y los hombres de negocios suelen ser prudentes.

De última, serán los medios hegemónicos los que impulsarán y amplificarán las barrabasadas que el autor de La casa verde vomita acerca de la Argentina y los argentinos.

¿Qué hacer? En principio, aguantarlo. Serán dos o tres días de show y tendremos a Vargas Llosa metido hasta en la sopa. Pero me parece que los intelectuales, los artistas, los científicos, en fin, todos los que integramos el mundo cultural y que –con mayores o menores diferencias (o ninguna)– apoyamos este proyecto político, salgamos a decir lo nuestro. Somos muchos y muy representativos. Probablemente, Vargas Llosa conozca a algunos por sus obras; a otros de nombre y no faltará algún asesor que le informe quién es quién en Argentina.

Propongo que le hagamos una carta para desasnarlo, porque me parece que el escritor peruano-español desconoce algunos datos importantes de la historia argentina. Habría que explicarle, por ejemplo, cómo le fue al país cuando gobernó el populismo y qué consecuencia le trajeron las políticas que él defiende. Empezando por 1945-1955, con el acceso de Perón, clásico populista. Entre 1955 y 1963 se aplicaron las políticas antipopulistas. Entre 1963 y 1966 volvió el populismo, con un gobierno que anuló los contratos petroleros. Entre 1966 y 1973 reaparecieron las políticas antipopulistas. Pero en el ’73 volvió el populismo hasta la muerte de Perón. Y otra vez el antipopulismo hasta 1983, cuando reapareció el populismo radical. Pero el antipopulismo renació en 1989 hasta 2003. Y, desde 2003, hasta ahora, ¡otra vez! el populismo.

Habría que proporcionarle cifras que demuestren la marcha de la economía con uno y otro modelo. Y recordarle que los antipopulistas bombardearon Plaza de Mayo, destruyeron la universidad pública y provocaron la desaparición de 30.000 argentinos.

Y, de posdata, preguntarle, señor Vargas Llosa, ¿cómo puede ser que entidades emblemáticas como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo apoyen a este gobierno populista?


Roberto “Tito” Cossa es dramaturgo.
En Página/12 de hoy, viernes 4 de marzo de 2011.