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domingo, 25 de diciembre de 2022

EDUARDO GALEANO Nochebuena


NOCHEBUENA

     Fernando Silva dirige el hospital de niños, en Managua.
     En vísperas de Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde. Ya estaban sonando los cohetes, y empezaban los fuegos artificiales a iluminar el cielo, cuando Fernando decidió marcharse. En su casa lo esperaban para festejar. 
     Hizo una última recorrida por las salas, viendo si todo quedaba en orden, y en eso estaba cuando sintió que unos pasos lo seguían. Unos pasos de algodón: se volvió y descubrió que uno de los enfermitos le andaba detrás. En la penumbra, lo reconoció. Era un niño que estaba solo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y esos ojos que pedían disculpas o quizá pedía permiso.
     Fernando se acercó y el niño lo rozó con la mano:
     –Decile a… –susurró el niño–. Decile a alguien, que yo estoy aquí.




En El libro de los abrazos, primera edición argentina 1989 / Catálogos 2002 / Foto: jmp / 
Eduardo Galeano (Montevideo, Uruguay, 3 de septiembre de 1940 – 13 de abril de 2015) / 

miércoles, 9 de junio de 2021

EDUARDO GALEANO Los funcionarios no funcionan


EL SISTEMA/1

 

Los funcionarios no funcionan.
Los políticos hablan pero no dicen.
Los votantes votan pero no eligen.
Los medios de información desinforman.
Los centros de enseñanza enseñan a ignorar.
Los jueces condenan a las víctimas.
Los militares están en guerra contra sus compatriotas.
Los policías no combaten los crímenes, porque están ocupados en cometerlos.
Las bancarrotas se socializan, las ganancias se privatizan.
Es más libre el dinero que la gente.
La gente está al servicio de las cosas.

 

 

 

En El libro de los abrazos, primera edición 1989

Eduardo Galeano (Montevideo, Uruguay, 3 de septiembre de 1940 – 13 de abril de 2015)

sábado, 1 de abril de 2017

Ya se sabe quiénes son los condenados a pagar las crisis de reajuste del sistema


AYER, HOY, LA MISMA HISTORIA, EL MISMO DOLOR, LA MISMA LUCHA

     “Ya se sabe quiénes son los condenados a pagar las crisis de reajuste del sistema. Los precios de la mayoría de los productos que América Latina vende bajan implacablemente en relación a los precios de los productos que compra a los países que monopolizan la tecnología, el comercio, la inversión y el crédito. Para compensar la diferencia, y hacer frente a las obligaciones ante el capital extranjero, es preciso cubrir en cantidad lo que se pierde en precio. Dentro de este marco, las dictaduras del Cono Sur han cortado por la mitad los salarios obreros y han convertido cada centro de producción en un campo de trabajos forzados. También los obreros tienen que compensar la caída del valor de su fuerza de trabajo, que es el producto que ellos venden al mercado. Los trabajadores están obligados a cubrir en cantidad, en cantidad de horas, lo que pierden en poder de compra del salario. Las leyes del mercado internacional se reproducen, así, en el micromundo de la vida de cada trabajador latinoamericano. Para los trabajadores que tienen «la suerte» de contar con un empleo fijo, las jornadas de ocho horas sólo existen en la letra muerta de las leyes. Es frecuente trabajar diez, doce, hasta catorce horas, y más de uno ha perdido los domingos.”


Eduardo Galeano, Calella, Barcelona, abril de 1978.
“Las venas abiertas de América Latina”, 36ª edición, 1978.

Imagen: Ricardo Carpani, Desocupados, 1959. 

miércoles, 23 de julio de 2014

Eduardo Galeano, guerras voraces

GUERRAS VORACES

En 1975, el rey de Marruecos invadió la patria saharaui y expulsó a la mayoría de la población.

El Sáhara es, ahora, la última colonia de África.

Marruecos le niega el derecho de elegir su destino, y así confiesa que ha robado un país y que no tiene la menor intención de devolverlo.

Los saharauis, los hijos de las nubes, los perseguidores de la lluvia, están condenados a pena de angustia perpetua y de perpetua nostalgia. Las Naciones Unidas les han dado la razón, mil y una veces, pero la independencia es más esquiva que el agua en el desierto.

Mil y una veces, también, las Naciones Unidas se han pronunciado contra la usurpación israelí de la patria palestina.

En 1948, la fundación del Estado de Israel implicó la expulsión de ochocientos mil palestinos. Los palestinos desalojados se llevaron las llaves de sus casas, como habían hecho, siglos antes, los judíos que España echó. Los judíos nunca pudieron volver a España. Los palestinos nunca pudieron volver a Palestina.

Los que se quedaron fueron condenados a vivir humillados en territorios que las continuas invasiones van encogiendo cada día.

Susan Abdallah, palestina, conoce la receta para fabricar un terrorista:

“Despójelo de agua y de comida.
Rodee su casa con armas de guerra.
Atáquelo por todos los medios y a todas las horas, especialmente en las noches.
Demuela su casa, arrase su tierra cultivada, mate a sus queridos, especialmente a los niños, o déjelos mutilados. 
Felicitaciones: ha creado usted un ejército de hombres-bomba.”


En “Espejos. Una historia casi universal”.