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lunes, 2 de noviembre de 2020

JULIÁN AXAT Visión después de las topadoras

 
 

VISIÓN DESPUÉS DE LAS TOPADORAS

 

“en tierra baldía, no habrá tumba para los muertos”

T.S Eliot

 

Me detuve ante las fotos y

vi la Noche / mamadera /media llena/

escudos / fuego /aire espeso

todo demasiado denso

/mamadera /medio vacía/

Vi rostros encapuchados /corriendo

policías heraldos de infantería

abroquelados /avanzando

Vi perros con sarna / entre el humo

bebé aferrado al pecho / su madre

casco y escudo /que avanzaban /

leche negra o blanca / medio llena/ vacía

Vi mucho humo/ colchones / policías en motos

acompañando cinco motopalas / removiendo todo a su paso

Vi a varios policías sosteniendo itakas y haciendo gesto

la gesta // la de apuntar hacia algún punto que se pierde

policías entre hilos engalletados a palos //retorcidos

Vi /restos de restos/ de un rancho aplastado / bastante humo//

/cartones prensados machimbre descuajeringado /

/agujeros en la  tierra / varias carpas deshechas

Vi a una pareja tomada de la mano y con tapabocas

con los bolsos recién hechos para irse a algún sitio

Vi ropa caída e indicios de que (momentos antes) había estado tendida

Vi a un policía pateando algo en el piso

pero la altura de los pastos me quitó la visión del misterio

aunque pude apreciar (luego) que eran / huesos

Vi banderas que decían “no nos sacan sino muertos” /

Vi cartuchos / bolsas de polietileno negras /arrugadas /

fosas en el pasto /cientos de otros cartuchos vacíos /

lonas y media-sombra mal enrollados esparcidas   

Vi una casilla prendiéndose fuego /y a los polis a su lado mirando

Como si asistieran al fogón infernal /de sus almas

Vi clavos esparcidos en el barro / una zanja oscura /

y un dedo apuntando a la nada como salido de una cruz

Vi gases y gente corriendo / máscaras / vi tachos

una rueda de auto encendida

//y el pedazo de un madero

de una tranquera contra el piso

Vi que un Dron subía y bajaba como cuervo enloquecido

y la vista aérea del predio vacía (antes)

vista aérea del predio tomado (durante)

vista aérea del predio con los restos (después)

Y en todas esas imágenes

cada objeto que /entonces vi

los vi / colocados

de tal forma

que cumplían como cierto orden natural de las ruinas

como el rompecabezas /que deja Dios luego de las pestes

cierto sepulcro

enseñanzas

restos suspendidos en el tiempo

para mirarnos al espejo

el enigma

ante todo resabio de la destrucción

que apenas podemos manejar

Entonces dejé de mirar las fotos

y la visión se perdió

 

 

Julián Axat (La Plata, Argentina, 1976)

miércoles, 26 de abril de 2017

Rodolfo Alonso, A 80 años del genocidio de Guernica



A 80 AÑOS DEL GENOCIDIO DE GUERNICA

         A metros de la Casa Rosada, junto a la estatua de Juan de Garay, Buenos Aires ostenta desde 1919 un retoño del más que secular Árbol de Guernica, emblema sagrado de las libertades vascas. Anterior incluso a la existencia de España como estado nación, a partir de Isabel y Fernando los reyes acostumbraban jurar bajo su sombra venerable respetar los fueros de Euzkadi.

         Acentuando su fuerte simbolismo, ese magnífico Roble sobrevivió, en medio de un hito legendario: la guerra civil española (1936-1939), a otro hecho de trágica resonancia. El 26 de abril de 1937 la vieja villa de Guernica fue literalmente reducida a polvo, junto con buena parte de su población, por los flamantes aviones nazis de la Legión Cóndor.
         Porque el 18 de julio de 1936, militares conducidos por Francisco Franco se sublevan contra la legítima República española. Controlados y muchas veces vencidos por el pueblo en armas, los milicianos recuperaron en Madrid su principal reducto, el Cuartel de la Montaña. Así comenzó la última guerra de hombres, y la primera contra el fascismo. Contra los fascismos, que reaccionaron de inmediato.

         Del principio al fin, Hitler y Mussolini cooperaron con la rebelión enviando sus mejores tropas y modernos adelantos bélicos, decisivos para la victoria franquista. Goering probó allí su naciente Luftwafe, y más de 700 pilotos alemanes cuidadosamente elegidos volaron para Franco. Ensayaron bombardeo de ciudades, blitzkrieg o guerra relámpago, terror sobre poblaciones civiles, ataques aéreos en picada y táctica de apoyo directo a las tropas de tierra. Sin olvidar los tristemente célebres tanques Panzer I.
Esas crueles experiencias fueron invalorables, al estallar casi de inmediato la segundo guerra mundial (1939-1945), para los primeros éxitos nazis en toda Europa. La misma Europa que abandonó a los republicanos españoles. Que sólo contaron con la ayuda sobre todo inicial de la URSS y el apoyo permanente del México de Lázaro Cárdenas, sin olvidar las heroicas e indomables Brigadas Internacionales.

         El 23 de abril de 1937, el jefe de la Legión Cóndor, Wolfram von Richthoffen, primo del famoso as de la aviación alemana en la primera guerra, anota en su diario: “¿Qué se puede hacer? La Legión Cóndor se retira. No se puede dirigir a una infantería incapaz de atacar posiciones débiles.” Y al día siguiente: “¿Conseguiremos destruir Bilbao?”.

         El 26 de abril, a las 14,30 la campana mayor de Guernica repicó alertando sobre un ataque aéreo. Era día de mercado. Se corrió a los sótanos. Un solitario bombardero Heinkel 111 de la Legión Cóndor arrojó su carga letal en el centro y desapareció. La gente dejó sus refugios para socorrer heridos. Quince minutos después, la escuadrilla completa de la élite aérea nazi sobrevuela Guernica. Cierto número de cazas italianos Fiat CR-32 y Fiat-Ansaldo participaron también. Hubo una estampida para huir al campo, pero cazas Heinkel 51 ametrallaron sin piedad hombres, mujeres, niños. Sin embargo, faltaba lo peor.

         A las 17,15 cuarenta bombarderos Junker 52 arrasan minuciosamente la ciudad, en pasadas de 20 minutos durante dos horas y media. Arrojaron desde bombas medianas o pequeñas hasta de 250 kg, antipersonal e incendiarias. Los testigos describen escenas apocalípticas. Familias enterradas por escombros de sus casas o aplastadas en refugios. Vacas y ovejas ardiendo por la termita y el fósforo blanco, enloquecidas hasta morir entre ruinas en llamas. Salvo la Casa de Juntas y el Roble milenario, no alcanzados por hallarse fuera del corredor aéreo que los pilotos alemanes siguieron disciplinadamente, Guernica era una pira de fuego, humo y terror.

         El gobierno vasco sostuvo que un tercio de la población (1645 muertos y 889 heridos) sufrió en carne propia el bombardeo. Al día siguiente, 27 de abril, la prensa británica anuncia la destrucción de Guernica, y el 28 tanto el “Times” como el “New York Times” publican el célebre artículo de George L. Steer. La indignación mundial es inmensa e inmediata. El 29 de abril el cuartel general de Franco emite un comunicado, donde intenta adjudicar la responsabilidad a “las hordas rojas al servicio del perverso criminal Aguirre”, presidente de Euzkadi.

         La mayoría de los vascos eran católicos y moderados o conservadores. Se unieron al Frente Popular en defensa de sus fueros seculares. A diferencia de la Iglesia española, que apoyó vivamente la “Cruzada”, fueron acompañados por sus sacerdotes. Yo mismo recuerdo una foto en la cárcel franquista, donde cien curas vascos rodean al dirigente socialista Julián Besteiro.

         Sólo tras morir Franco (1975), como exigió su autor, el cuadro más renombrado de Picasso, pintado frenéticamente entre mayo y junio de 1937, pudo exhibirse en España. Quizá no todos quienes acuden al Museo Reina Sofía saben, hoy, a qué alude su sobrio título: “Guenica”. Durante la ocupación de Francia, al preguntarle ante la misma obra un oficial nazi: “¿Usted hizo esto?”, Picasso contestó simplemente: “No, esto lo hicieron ustedes.”

         Como prueba, baste lo declarado por Goering en el juicio de Nuremberg (1945-1946) a criminales de guerra nazis: “Cuando estalló en España la guerra civil, Franco pidió auxilio a Alemania, y en especial apoyo aéreo. El Führer vacilaba, y yo le aconsejé con energía que bajo cualquier circunstancia otorgase ese apoyo: en primer lugar, para impedir la extensión del comunismo en esa zona, pero también para poner a prueba mis nacientes Fuerzas Aéreas en una serie de detalles técnicos. Con autorización del Führer envié gran parte de nuestra flota de transporte y numerosos cazas y bombarderos, así como cañones antiaéreos. Pude comprobar en condiciones de combate si el material era eficiente. Para que el personal adquiriese además experiencia práctica organicé una rotación continua mandando constantemente unidades nuevas y repatriando las anteriores.”

         Esa fría pero precisa enumeración, de por sí escalofriante, se hace estremecedora si la contraponemos con las imágenes concretas y a la vez inimaginables del horroroso genocidio sufrido por Guernica. Nadie lo rozó tan hondamente como un íntimo amigo de Picasso, el gran poeta francés Paul Éluard, en su indeleble poema “La victoria de Guernica”:

“Os han hecho pagar el pan
El cielo la tierra el agua el sueño
Y la miseria
De vuestra vida


Las mujeres los niños tienen igual tesoro
En los ojos
Todos muestran su sangre

El miedo y el coraje de vivir y de morir
La muerte tan difícil y tan fácil //

Parias la muerte la tierra y la fealdad
De nuestros enemigos tienen el color
Monótono de nuestra noche
Daremos cuenta de ellos.”



Rodolfo Alonso (Buenos Aires, 1930). Poeta, traductor y ensayista argentino.

Pablo Picasso (1881-1973). Guernica (26 de abril de 1937 – junio de 1937), óleo tamaño mural sobre lienzo, 3.49 m x 7.77 m.